Silencio…
Solo necesité silencio para tocar
bajar el índice y medio por la noche de tu cabello.
Imaginar en ellos
el alma y artilugio de un deseo
y con el gordito, delinear la perfección del arco de tu ceja...
Sentir la perfecta arquitectura en el tacto de tu piel
el vértigo vaivén de una mirada
que no me mira
y que miro… ahí,
donde vuela la locura de hacer mío el momento en que
… silencio.
Es la nostalgia de una soledad que se vuelca en tu recuerdo
lejana y tan cerca a ese deseo de letras
teclas, luces opacas, lluvia, sueños y
Silencio…
¿Dónde queda aquello que se siente…?
¿Dónde cabe tanto fuego que no quema?…
¡arde! en el umbral del esternón y la espalda
abajito de la dignidad e ignorancia
del saber que no sé, ni debo…
lo que siento.
Si la muerte misma extendiera su mano
a cambio de un solo…
silencio,
por un beso…
rojo, suave, sacro, eterno…
Guardaría en silencio,
agradecido,
el saber de tu sabor
la verdad de ser verdad
el poema que te siento
que te escribo.
Pedro Eduardo
Agosto 23*
a Brenda.
bajar el índice y medio por la noche de tu cabello.
Imaginar en ellos
el alma y artilugio de un deseo
y con el gordito, delinear la perfección del arco de tu ceja...
Sentir la perfecta arquitectura en el tacto de tu piel
el vértigo vaivén de una mirada
que no me mira
y que miro… ahí,
donde vuela la locura de hacer mío el momento en que
… silencio.
Es la nostalgia de una soledad que se vuelca en tu recuerdo
lejana y tan cerca a ese deseo de letras
teclas, luces opacas, lluvia, sueños y
Silencio…
¿Dónde queda aquello que se siente…?
¿Dónde cabe tanto fuego que no quema?…
¡arde! en el umbral del esternón y la espalda
abajito de la dignidad e ignorancia
del saber que no sé, ni debo…
lo que siento.
Si la muerte misma extendiera su mano
a cambio de un solo…
silencio,
por un beso…
rojo, suave, sacro, eterno…
Guardaría en silencio,
agradecido,
el saber de tu sabor
la verdad de ser verdad
el poema que te siento
que te escribo.
Pedro Eduardo
Agosto 23*
a Brenda.

