En el quinto episodio de la tercera temporada de la serie llamada
"Superman y Lois", me llamó la atención la forma en que abordan el
cáncer de Lois, que fue detectado en episodios anteriores. Se trata de un
cáncer de mama inflamatorio en etapa tres, que ni Superman podrá vencer.
Al
comenzar su tratamiento de quimioterapia, Lois se muestra renuente, como suele
suceder en la mayoría de los casos. Sin embargo, con el apoyo de su familia,
finalmente se convence de que lo mejor es iniciar esa lucha lo antes posible.
Cuando
acepta someterse al tratamiento y se sienta en los cómodos sillones articulados
para iniciar su quimioterapia, todo parece normal y propio de una serie de
superhéroes con conocimiento oncológico. Sin embargo, hay dos momentos que deseo
mencionar: uno de ellos ocurre cuando Lois escapa junto con su soporte de suero
para llevar a cabo una investigación, y Clark debe esperarla junto a dos
personas que también están en tratamiento. Ambas mujeres, que comparten el
mismo problema, le cuentan a Clark sobre sus padecimientos y lo difícil que
será enfrentar esa enfermedad. Cuando una de las pacientes parece quedarse
dormida y tiene dificultades para respirar, Clark pregunta a la otra paciente
si está bien, a lo que ella responde: "Sí, solo es la quimio
reaccionando". Una vez que la paciente se recupera, retoman la
conversación sobre lo inquieta que es Lois...
"Tu
esposa tiene dificultad para quedarse quieta... Pero ese instinto le será útil
más adelante", le pregunta Clark a qué se refiere, a lo que la paciente
responde: "A la enfermedad todos la llaman de diferentes formas. Las
experiencias son distintas, pero cuando llega 'el llamado', así lo llamo yo, a
quienes nos sentamos aquí, esta enfermedad desafía cada parte de ti, tanto
mental como físicamente. En cierto modo, hay una sensación, como 'un llamado',
que te dice que sería más fácil si tan solo te rindes. No significa que no ames
a las personas en tu vida o que quieras dejarlas, pero... La tentación de ceder
ante el cáncer a veces es muy fuerte. Así que el impulso que tu esposa tiene
requerirá de toda esa energía para sobrevivir".
El
segundo momento ocurre cuando Lois, después de su sesión de quimioterapia,
desea salir y compartir un momento agradable con sus hijos, que están en una
celebración y baile escolar. Clark, habiendo escuchado las experiencias de las
pacientes en el hospital, le sugiere descansar, pero Lois insiste en salir. Él
le pide que al menos espere unos minutos, ya que Superman tiene un imprevisto.
Lois acepta, pero cuando Superman regresa de su misión, Lois experimenta una
reacción a la quimioterapia que la obliga a quedarse en casa a pesar de su
deseo de estar con sus hijos.
He
estado allí, en esas salas oncológicas. La primera impresión que tuve al ver
los sillones articulados fue: "este es un área VIP". No tenía idea de
lo que me esperaba. En esa zona bastante amplia, antes de ingresar, me pidieron
que me lavara las manos. Había cinco personas: dos jóvenes, una de mediana edad
y dos adultos mayores. Me sentaron junto a los adultos mayores: una señora que
parecía muy tierna durmiendo y un señor que se quejaba del brazo donde una de
las enfermeras intentaba por segunda vez iniciar la aplicación intravenosa. Yo
me animaba pensando: "vamos, ya lo has hecho, esto será pan comido"...
No debería haberlo dicho. Tres enfermeras intentaron sin éxito iniciar mi
quimioterapia. Tuvieron que llamar a una cuarta enfermera, que al parecer era
su jefa, y que logró encontrar una de las venas ocultas en mi primer intento de
tratamiento.
"Eran
esquivas, pero ya está, ¿se encuentra bien, señor Eduardo?". Me quedé
dormido. Al despertar, me cambiaron la bolsa que ya estaba vacía por otra con
un líquido que me hizo sentir como si corriera electricidad por mi brazo y
cuello. Al llegar a casa, esa sensación creció junto con muchas otras: imágenes
rebotando rápidamente en mi mente, ira, euforia, temblores, comezón en todo mi
cuerpo, una sensación de nostalgia y deseos de llorar como nunca había
experimentado... y mucho más.
Después
de comenzar ese difícil proceso de estudios oncológicos, realmente te tienta la
idea de rendirte. Me administraron tres de las cuatro sesiones de
quimioterapia: tres por vía intravenosa y tres en forma de pastillas. Las
pastillas debían tomarse durante catorce días, pero no pude terminar la última
sesión de quimioterapia en pastillas debido a que sufrí un infarto en el quinto
día. Cuando ocurrió, logré llegar a urgencias y de inmediato fui llevado al
quirófano. Intentaron hacerme un cateterismo, pero no tuvieron éxito. El
especialista dijo que las pastillas fueron las culpables y, por ese motivo,
suspendieron la cuarta sesión intravenosa y lo que quedaba de las pastillas. Yo
culpé a la última aplicación intravenosa... Fue tan difícil que no deseo
recordarlo. Y no, no terminó ahí. Después de las quimioterapias, siguieron las
radioterapias. Exactamente 28 sesiones, una al día, de lunes a sábado a las
6:30 de la mañana. Para llegar al hospital, debíamos levantarnos a las 4:30. El
problema del cáncer se sumó al problema del corazón. Si al final de todo esto
(aún me faltan estudios para saber cómo me fue con las quimios), me dijeran:
"Lo sentimos, hay que seguir luchando"... Por supuesto que te tienta
la idea de rendirte.
Puedo
decir que me siento tranquilo y bien por ahora. Además de seguir los consejos
de los especialistas y seguir sus instrucciones al pie de la letra, día a día
sin cometer el mínimo error, creo que algo que ha contribuido a mi tratamiento
es mi actitud positiva. Y es que, ¿alguien sabe qué más podemos hacer al
respecto?... Nada. Nada más que aceptarlo. Ahí es cuando debes ser quien
dijiste que serías. No es pelear, no es enfrentar... Es afrontar. Porque creo
que afrontar es un concepto más adecuado y se acerca a otro concepto de suma
importancia: "aceptar". No hablo de rendirse, no. Hablo de aceptar
"algo" que no puedes cambiar, excepto con gran humildad al reconocer
quién eres y cuánto puedes trabajar, ese "algo" que no esperabas pero
que nadie te quitará, excepto el trabajo interior y el deseo de vivir, no solo
por ti, sino también por aquellos que te aman.
Además
de esto, y procurar sonreír en todo momento, quiero mencionar que mi
pensamiento al respecto es muy tranquilo... La máxima que sigo es: "Todo
lo que sucede, sucede, y el mundo no se detiene. Con o sin mí, el mundo seguirá
su curso y esto también pasará... Con o sin mí". Entonces, ¿por qué
preocuparnos?
Así
que, si te encuentras en una situación similar, te sugiero que sigas adelante según indicaciones de los especialista y en la medida de lo posible, como si nada estuviera pasando. Incluso con los
peores síntomas, imagina que todo saldrá bien. Haz un análisis mental de toda
tu vida y, si es necesario, pide perdón a aquellos a quienes recuerdes haber
lastimado de alguna manera... Eleva ese sentimiento al universo: perdón,
perdón, perdón. Y después de pedir perdón, acepta. Acepta lo que estás
experimentando con la esperanza (pero sin forzarla) de que volverás a estar
bien: acepta, acepta, acepta. Y, por último, agradece. Agradece a aquellos que
te ayudan y te comprenden en este proceso, agradece a Dios o a la vida por todo
lo que te ha dado, como dice la canción... Agradece, agradece, agradece.
Y
no pienses en nada más, excepto en ser consciente de que somos eso, conciencia.
Y como seres pensantes, sabemos que lo que sucede... Sucede por algo y nada
puede detenerlo, para bien o para mal, con o sin ti... Sucederá.
Kimer Ed-Enríquez
Junio/2023