Por Kimer Ed-Enríquez
Derek Walcott: Uvas Marinas
Esa vela, fatigada entre las islas, que se reclina en la luz
podría ser Odiseo navegando en mar Egeo rumbo a casa.
Velero que bate el Caribe, rumbo a casa;
esa nostalgia de padre y esposo
bajo uvas amargas, enroscadas como oído del adúltero
donde resuena el nombre de Nausica
en cada chillido de gaviota
no trae paz a nadie. La Antigua guerra
entre obsesión y responsabilidad
no termina nunca y es la misma
para el marino errante o para aquel que en tierra
sacude sus sandalias rumbo a casa
desde que Troya exhaló su última llama
como el peñasco del gigante ciego que cavó la cuenca
de las marejadas de donde provienen
los grandes hexámetros de la espuma exhausta.
Los clásicos pueden dar consuelo. Mas no lo suficiente.
Sobre el regreso y la guerra interior
En el poema de Derek Walcott no importa tanto el viaje como la emoción que lo sostiene. La vela que cruza entre islas no es una imagen romántica: es un cuerpo cansado que avanza sin certeza de llegada. Walcott no recurre a Odiseo para glorificarlo, sino para recordarnos que el héroe también es, ante todo, un hombre.
La nostalgia de la que habla, lejos de ofrecer descanso, se vuelve un peso. Su esencia no tiene calma: se mueve, insiste. Repite nombres, deseos, posibilidades que persisten. Por eso las uvas no son dulces: son amargas… tentaciones. La memoria no alimenta; confronta. En ese sentido —y esto me resulta revelador— el regreso no es una solución, sino una herida que continúa abierta.
La guerra de la que habla no pertenece al pasado ni a los mitos. Es una lucha presente y persistente entre la obsesión y la responsabilidad, entre el impulso de seguir y la obligación de volver. Da igual si el cuerpo navega o camina por tierra firme: la fisura es la misma. El conflicto no distingue entre héroes y hombres comunes.
En este punto, el poema dialoga de manera natural con Hermann Hesse, particularmente con Siddhartha: la idea de que el conocimiento, la experiencia o incluso la belleza no garantizan paz. Comprender no es sinónimo de reconciliarse. El viaje interior, como el exterior, no concluye; se habita, se transforma, se recicla.
Walcott parece decirnos que los clásicos acompañan, iluminan y dan forma a nuestro caos, pero no lo absuelven. No hay final feliz. Troya sigue ardiendo en cada decisión humana, no como una ciudad, sino como el origen de una fisura en la piel. El mito no es refugio: es espejo.
Tal vez por eso el poema no ofrece cierre. Porque volver a casa no significa llegar, y vivir no consiste en resolver la emoción, sino en aprender a sentirla… sin huir de ella.
Regresar (poema)
En ocasiones
una vela cansada
cruza mis islas interiores
no sé si se avanza
o aprende a inclinarse ante la luz
He sido el que parte
y el que espera
Padre en la memoria
esposo en la promesa
el hombre dividido entre el llamado
y la responsabilidad de volver
La nostalgia no da paz
Solo repite nombres
en el trinar de las aves
en el sabor amargo de las uvas
que cuelgan del tiempo
como un oído atento
a la culpa.
Hay guerras que no terminan
No están en los muros ni en el fuego
están en esa fisura
donde el deseo te empuja
y el deber te sostiene
Unos viajan por el mar
otros sacuden el polvo de su calzado
antes de entrar a casa
Es la misma travesía
Los libros enseñan a mirar
los mitos nos acompañan
pero no nos salvan
El conocimiento consuela
la experiencia afila
y aun así el alma
no encuentra reposo definitivo
Tal vez vivir sea eso
caminar entre dos orillas
sin prometer reconciliación
aceptar que el regreso
no es un lugar
es una pregunta
que aprende a respirar.
Kimer Ed-Enríquez
Regresar (poema I)
En ocasiones
no sé si se avanza
He sido el que parte
Padre en la memoria
La nostalgia no da paz
Hay guerras que no terminan
y el deber te sostiene
Unos viajan por el mar
Es la misma travesía
pero no nos salvan
El conocimiento consuela
Tal vez vivir sea eso
aceptar que el regreso
no es un lugar
que aprende a respirar.
Regresar (poema II)
En ocasiones
una vela cansada
y el que espera
Solo repite nombres
que cuelgan del tiempo
como un oído atento
a la culpa.
No están en los muros ni en el fuego
donde el deseo te empuja
otros sacuden el polvo de su calzado
Los libros enseñan a mirar
la experiencia afila
no encuentra reposo definitivo
caminar entre dos orillas
sin prometer reconciliación
que aprende a respirar.
Kimer Ed-Enríquez
Regresar (poema III)
En ocasiones
cruza mis islas interiores
o aprende a inclinarse ante la luz
el hombre dividido entre el llamado
y la responsabilidad de volver
en el trinar de las aves
en el sabor amargo de las uvas
están en esa fisura
antes de entrar a casa
los mitos nos acompañan
y aun así el alma
es una pregunta
que aprende a respirar.
Kimer Ed-Enríquez