viernes, 13 de febrero de 2026

Así te amo


 


Volcán

y
blancura tendida
te nombro
despacio
cerca a la boca
herida de luz

No te llamo
me deslizo
hacia dentro

El Popo exhala
no estalla
derrama

Respira
cuerpo
incendio
sabor
pecho
te siento
magma lento
Iztaccíhuatl
abierta
infinita
cielo
vientre
de nieve

Ahí descansa
mi deseo
hondura tibia
respiración
que abre espacio

Dicen
son piedra

No escuchan
el interior
los mantiene vivos
sin prisa

Bajo tu piel
avanza
igual
no insiste

Cada temblor
acaricia

Así te amo
tierra
que se abre
fuego
cielo que se cierra
cuerpo
en mi horizonte
ardiendo
volcanes
respirando
el mismo pulso

Kimer Ed

sábado, 7 de febrero de 2026

Análisis del poema Uvas Marinas

 Análisis del poema Uvas Marinas

Por Kimer Ed-Enríquez


Derek Walcott: Uvas Marinas


Esa vela, fatigada entre las islas, que se reclina en la luz

podría ser Odiseo navegando en mar Egeo rumbo a casa. 

Velero que bate el Caribe, rumbo a casa;     

esa nostalgia de padre y esposo

bajo uvas amargas, enroscadas como oído del adúltero

donde resuena el nombre de Nausica

en cada chillido de gaviota

no trae paz a nadie. La Antigua guerra   

entre obsesión y responsabilidad

no termina nunca y es la misma

para el marino errante o para aquel que en tierra

sacude sus sandalias rumbo a casa  

desde que Troya exhaló su última llama

como el peñasco del gigante ciego que cavó la cuenca 

de las marejadas de donde provienen 

los grandes hexámetros de la espuma exhausta.


Los clásicos pueden dar consuelo. Mas no lo suficiente.



Sobre el regreso y la guerra interior

En el poema de Derek Walcott no importa tanto el viaje como la emoción que lo sostiene.  La vela que cruza entre islas no es una imagen romántica: es un cuerpo cansado que avanza sin certeza de llegada.  Walcott no recurre a Odiseo para glorificarlo, sino para recordarnos que el héroe también es, ante todo, un hombre.

La nostalgia de la que habla, lejos de ofrecer descanso, se vuelve un peso.  Su esencia no tiene calma: se mueve, insiste.  Repite nombres, deseos, posibilidades que persisten.  Por eso las uvas no son dulces: son amargas… tentaciones.  La memoria no alimenta; confronta.  En ese sentido —y esto me resulta revelador— el regreso no es una solución, sino una herida que continúa abierta.

La guerra de la que habla no pertenece al pasado ni a los mitos. Es una lucha presente y persistente entre la obsesión y la responsabilidad, entre el impulso de seguir y la obligación de volver.  Da igual si el cuerpo navega o camina por tierra firme: la fisura es la misma.  El conflicto no distingue entre héroes y hombres comunes.

En este punto, el poema dialoga de manera natural con Hermann Hesse, particularmente con Siddhartha: la idea de que el conocimiento, la experiencia o incluso la belleza no garantizan paz.  Comprender no es sinónimo de reconciliarse.  El viaje interior, como el exterior, no concluye; se habita, se transforma, se recicla.

Walcott parece decirnos que los clásicos acompañan, iluminan y dan forma a nuestro caos, pero no lo absuelven.  No hay final feliz.  Troya sigue ardiendo en cada decisión humana, no como una ciudad, sino como el origen de una fisura en la piel.  El mito no es refugio: es espejo.

Tal vez por eso el poema no ofrece cierre.  Porque volver a casa no significa llegar, y vivir no consiste en resolver la emoción, sino en aprender a sentirla… sin huir de ella.



Regresar (poema)

En ocasiones 

una vela cansada

cruza mis islas interiores

no sé si se avanza

o aprende a inclinarse ante la luz


He sido el que parte

y el que espera


Padre en la memoria

esposo en la promesa

el hombre dividido entre el llamado

y la responsabilidad de volver


La nostalgia no da paz

Solo repite nombres

en el trinar de las aves

en el sabor amargo de las uvas

que cuelgan del tiempo

como un oído atento 

a la culpa.

Hay guerras que no terminan

No están en los muros ni en el fuego

están en esa fisura

donde el deseo te empuja

y el deber te sostiene


Unos viajan por el mar

otros sacuden el polvo de su calzado

antes de entrar a casa

Es la misma travesía

Los libros enseñan a mirar

los mitos nos acompañan

pero no nos salvan


El conocimiento consuela

la experiencia afila

y aun así el alma

no encuentra reposo definitivo


Tal vez vivir sea eso

caminar entre dos orillas

sin prometer reconciliación

aceptar que el regreso

no es un lugar

es una pregunta

que aprende a respirar.



Kimer Ed-Enríquez

Regresar (poema I)

En ocasiones 

no sé si se avanza

He sido el que parte

Padre en la memoria

La nostalgia no da paz

Hay guerras que no terminan

y el deber te sostiene

Unos viajan por el mar

Es la misma travesía

pero no nos salvan

El conocimiento consuela

Tal vez vivir sea eso

aceptar que el regreso

no es un lugar

que aprende a respirar.

Regresar (poema II)

En ocasiones 

una vela cansada

y el que espera

Solo repite nombres

que cuelgan del tiempo

como un oído atento 

a la culpa.

No están en los muros ni en el fuego

donde el deseo te empuja

otros sacuden el polvo de su calzado

Los libros enseñan a mirar

la experiencia afila

no encuentra reposo definitivo

caminar entre dos orillas

sin prometer reconciliación

que aprende a respirar.


Kimer Ed-Enríquez

Regresar (poema III)

En ocasiones 

cruza mis islas interiores

o aprende a inclinarse ante la luz

el hombre dividido entre el llamado

y la responsabilidad de volver

en el trinar de las aves

en el sabor amargo de las uvas

están en esa fisura

antes de entrar a casa

los mitos nos acompañan

y aun así el alma

es una pregunta

que aprende a respirar.




Kimer Ed-Enríquez