lunes, 25 de noviembre de 2024

EL KARATE NO MUERE



Cuando muera el karate en ti
Y de casualidad algún día le preguntes:

Oye...   
¿Estás aquí?

El te responderá:

                     estoy aquí;  

Y si le preguntas 

¿Por qué en el reflejo de la vida... 
no te veo?

El seguro responderá 


-...  Porque estoy dentro de ti,
       y por acá, casi no te asomas.


Kimer Ed

domingo, 24 de noviembre de 2024

EL ÚLTIMO KUMITE (De la serie "Soy de por acá")

 

*** Platicando con el espíritu del hermano Cuauhtemoc




— Y si te alivio y me das tu alma…

—Claro, Cuauhtemoc, no más dime pa qué la quieres, digo, no vaya ser que sea pa traernos en chinga en el Mictlán…

— Mira, somos equipos en el mundo astral, Mictlán, el cielo o el infierno, como quieras llamarlo; hacemos equipos...  Para esos equipos, en el fin del mundo, que ya está a la vuelta de la esquina (para nosotros, no para ustedes, ni te espantes), debemos juntar a los que más podamos.

— No te pases, ¿En serio?

— Sí, güey, es en serio.

— Pero o sea, ¿Qué equipos existen?

—No te entiendo

—Sí, hermano.  Yo por ejemplo, le voy al Cruz Azul, mi madre, siempre le fue al América, ¿Checas?

— Ah, vaya … Bueno, yo soy espiritualista, te lo dijo tu ex-vieja, ¿No?, Ella dice que es católica, pero pues viene aquí… Ya dabes saber con qué equipo está, ¿Verdad?

— Ah, no mames… Ya te entendí.  O sea que si soy Mamón, no sería de tu equipo, ¿Cierto?

— Mormón!!

— Lo que sea, a eso te refieres.

— Así es.

— Ah, órale… Y para qué o qué 

— Ah, cómo eres preguntón… Pues porque seguramente le dice al de arriba quién es más chingón, no?

— No, pues ya te cargó el payaso…

— Por qué 

— Porque "La morenita", bueno, hasta "la blanquita", te dan la vuelta en eso de tener a más seguidores, gacho… 

— Aquí, en México…

— No güey, en todo el mundo, tienen un buen de seguidores.

— Bueno, bueno… El sol sale para todos 

— Pues tu día está medio nublado

— Bueno, le entras o no.

— Va. Pero quítame el dolor porque duele  de su puta madre, y avísame cuándo me toca…

—No puedo decirte eso.

— Entonces no puedo darte mi alma

— Entonces no puedo quitarte el dolor

— Ah, no mames… No seas así, carajo!!!

— Tengo otra opción….

— Dimela, puta madre!!!

— Bájale!!!

— A ti no te está doliendo, cabrón

— Todos los dolores de nuestros hijos nos du….

— Chinga tu madre!!! ¿Me dices de qué se trata la otra opción?, por favor!!!

— … Uy, está bien, no te encabrones…

— Ya cabrón!!!

— Ok. Ok… Una pelea… En tu caso como Karateca, aplica… Porque según los estatutos del Mic…

— Chinga tu madre de nuevo, acepto, culero…

— Muy bien, deja arreglo los detalles 

— Contra quién 

— Contra quién, qué 

— No mames!!! Contra quién es el tiro!!!!

— Ah... Contra el cáncer, es el que te está partiendo la madre, ¿no?, y...

— Va. Acepto, dime cuándo y dónde.

— Muy bien, te daré unos días para que reflexiones en lo que viene... 

— Déjate de pendejadas y acelera los arreglos

— Bájale, cabrón, o me voy…

— Ok… Por favor, hermanito Cuauhtémoc… Si?

— O.k. Así le hacemos.


** Otro día en el Dojo…


—Sensei.. Llego temprano porque necesito platicar con usted...Voy por un último kumite.

— Órale, y dónde, con quién?

— Es un torneo espiritual, solo invitan a algunos de los del grupo espiritualista donde estoy…

—Ah, vaya… Muy bien.  Dime en qué te puedo ayudar.

— Preparado estoy, solo me faltan algunas respuestas por ejemplo, para “es probable que me enfrente a “entes” más fuertes que yo” … Ante esa probabilidad, “¿Debo renunciar?”; tengo miedo, “ ¿Puedo hacer algo para no tenerlo?”, Etc…. 

— No habrá categorías? 

— Sí, pero todos competiremos contra todos

— Tranquilo.  Entes más fuertes que tú, no existen… 

— Maestro, yo los he visto

— A eso me refiero… Los has visto, observado, medido contigo, Etc… Pero dime en realidad ¿A quién es a quien debes, "Ver, observar, medir, Etc."? ¿A ellos? 

— No entiendo. 

— A quienes debes conocer en realidad… ¿Es a ellos?.  O.k. Bien¡¡, es bueno conocer a tu enemigo… Pero en realidad, dime,  ¿En quién debes poner toda la atención posible?... En ellos...  O en ti. 

— ¿? … Yo me conozco.

— ¿Seguro?, pues deberías saber que ante la eminencia de las circunstancias, no debe  existir espacio para la duda

— Wow… Ya… Ya entendí. Oss., Sensei.

— Respuesta a tus dudas de “Renunciar”... Dime, ¿Tiene sentido?... 

— Qué

— Renunciar, es hacer en tu vida "el efecto Titanic"

— No lo conozco

— Se dice que el Titanic, en su parte frontal, o Proa, tenía una protección de acero contra los icebergs… Cuando el capitán observa que tenía una montaña de hielo frente a su barco, decide, darle la vuelta, librando el iceberg que tenía enfrente… Desafortunadamente, por debajo de la superficie del mar, el iceberg, era más grande y es así que en el costado del barco, el cual no tenia protección como la proa, se destroza, provocando el hundimiento del famoso Titanic… Si hubiese reducido velocidad y, solo eso, se hubiera estrellado con la protección de proa y hubiese salvado el problema. ¿Me explico?

—No

— Cuando tienes frente a ti, un problema enorme, e intentas no darle importancia, darle la vuelta, hacerte el tonto pensando que pasará… ¿Qué pasa?

—Te hundes… 

— Así es.  Tarde o temprano, terminarás en el fondo de tus propios miedos.

— Ahora sí le entendí, Sensei. 

— Excelente. Y por último, también mencionas tu miedo, cómo eliminar el miedo.

— Ah, sí… Es que, después de que sabes de qué se trata, y más, si ya te han puesto tus put…

— Cuida tu léxico!! No estás con tus amigos…

—  Oss. Perdón, Sensei.

— Has visto la película de “Intensamente”

— No invente, Sensei…

—Cui-dado!!!

— Oss., Perdón… No, no la vi. 

— Ahí puedes ver para qué sirve tener miedo, este sentimiento no es tan malo como parece, aquí lo hemos estudiado, agudiza tus sentidos, te mantiene alerta y saca lo mejor de ti; ante la adversidad, te ayuda a ser mejor… Siempre y cuando seas resiliente...

— Lo siento, se me olvidó que es eso... 

— Nunca ves un problema...  

— ... Ves una oportunidad de ser mejor.

— Asi es

—Bien… ¿Cómo hago eso, cómo debo hacer que el miedo se vuelva una fuerza a mi favor?

— Es un kumite¡¡¡… 

— Sí. Ya le he dicho eso.

— Te enfrentas a algo o a alguien… Antes de estar frente a frente, los pensamientos te comen…

—Me tragan!!

— Te llenan de gran ansiedad; ante ello, solo hay que esperar y abrazar ese sentimiento con una actitud de aceptación y fluir con ella.

— Es que es difícil 

—Piensa, ¿Tiene sentido pre-ocuparse con pensamientos absurdos y de los cuales solo tú tienes el control? El tiempo, no lo puedes controlar ni detener… ¿Pero tus pensamientos? 

— Cierto, tiene razón…

— Pues ante esos pensamientos, antes de que llegue el momento, del enfrentamiento, lo ideal es, “Aceptación y fluir”... Porque ese miedo, no podrás quitarlo de encima de ti, hasta que estés frente al oponente.  Por lo tanto...  ¡Hasta entonces!, ¿Qué hay que hacer?

—Aceptar y fluir… 

— Y… Te prometo, porque te conozco y por experiencia propia, que cuando comience el kumite… Te olvidarás de todo temor posible… ¿Sabes por qué sucede esto?

—No, Sensei.

— Porque en ese momento, Ya no importa nada, sacarás todo lo grande y maravilloso que hay dentro de ti… Y eso es tan grande, que no te importará si ganas o si pierdes… Solo estarás enfocado en lo que TÚ HACES Y ERES  ante aquello con lo que combates… NO EN QUIÉN, O QUÉ ES AQUELLO;  SÓLO ESTARÁS ENFOCADO EN TÍ.!!!

— Oss.!! Sensei!!!

— Suerte en tu kumite.

— Gracias, la voy a necesitar.

— NO LO OLVIDES… SOLO SÉ TÚ, FRENTE A LA ADVERSIDAD!!! 


Y es así que cuando estamos frente a ese último kumite, el más importante, ese kumite que se vuelve inevitable, porque las circunstancias, aquellas que inexplicablemente aparecen, como el cáncer, no hay más que afrontar y no enfrentar, aceptar y fluir… Y combatir, nunca rendirse, combatir sin importar si vas a perder o ganar;  porque en este combate, no hay nada más grande e importante que tener la dignidad de SER QUIEN SIEMPRE HAZ SIDO… Y hacer de este momento, el más grande de tu vida.  Eso, esa actitud, nos abrirá las puertas para ver otra perspectiva de la vida… Nos abrirá el pecho y podremos ver y saber, todo lo grande que somos y lo que hay dentro de nosotros...  No lo olvides: ante la eminencia de las circunstancias, no debe  existir espacio para la duda... Sigue adelante.

sábado, 9 de noviembre de 2024

EL TIGRE (Shotokan)


Había una vez un dojo en lo profundo de las montañas, rodeado de pinos antiguos que con el viento hacían olas y se volvían susurrantes.  En este dojo, los estudiantes de karate aprendían bajo la sabia guía de un maestro llamado Sensei Gichin, un anciano de gran calma y sabiduría, cuya presencia siempre traía paz a quienes lo rodeaban.


En las paredes del dojo, colgaba la imagen de un tigre majestuoso dentro de un círculo.  Los alumnos siempre se preguntaban qué significaba.  Para ellos, el tigre era solo un animal fuerte y temido.  Una tarde, uno de los estudiantes más curiosos, llamado Tazune, no pudo contenerse más y se acercó a Sensei Gichin.


—Sensei, ¿Por qué el tigre es el símbolo de nuestro karate? ¿No sería mejor un dragón o un león? Ellos son más fuertes y poderosos.


El maestro Gichin, con una sonrisa tranquila, invitó a Tazune a sentarse bajo un pino del jardín.  El viento susurraba entre las ramas, y el sol iluminaba suavemente el dojo.


—Tazune —dijo el maestro con una voz suave—, el tigre no está en nuestra pared por su fuerza física, sino por algo mucho más profundo.  Imagina que miras a los ojos a un tigre, dime, ¿Qué ves?


Tazune pensó un momento.


—Veo a un animal fuerte, rápido, temido por todos.  No se detiene ante nada.


El maestro asintió, pero luego añadió:


—Es cierto que el tigre es fuerte y ágil, pero ¿ya observaste su andar? Un tigre nunca actúa con prisa ni muestra ansiedad.  Se mueve con calma, con plena conciencia de su entorno.  Sabe cuándo debe atacar y cuándo debe retirarse, siempre en equilibrio.  Esa calma, ese control, es el verdadero poder del tigre.


Tazune lo miró, intrigado.


—Pero Sensei, ¿Qué tiene eso que ver con el karate?


Sensei Gichin sonrió.


—El tigre que ves no solo representa la fuerza física, sino también la serenidad y el control.  En el karate, como en la vida, no siempre gana el más fuerte, sino el que es capaz de ser consciente del control sobre su mente y su espíritu.  Esa es la verdadera victoria.  Por eso, Tazune, el tigre está en nuestro emblema.  Representa el equilibrio entre fuerza y calma, entre el poder y la paz.


Sensei Gichin hizo una pausa, y luego señaló al círculo que rodeaba al tigre en el emblema.


—Y este círculo que lo rodea…  Dime, ¿Dónde crees que empieza? 

—No lo sé… En cualquier lado punto

—Y ¿Dónde termina?

—Tampoco lo sé…  Igual, podría ser en cualquier punto.


—Representa el camino que nunca sabes cuando empieza, pero también sabes, que nunca termina.  El tigre camina sin descanso, aprendiendo, mejorando, pero siempre en armonía consigo mismo y con el mundo.  Así también debemos ser nosotros: siempre en movimiento, siempre aprendiendo, pero en paz con nuestro interior.


Tazune comprendió entonces que el tigre no era solo un símbolo de fuerza, sino de un espíritu en calma, en perfecto equilibrio con su entorno y consigo mismo.  A partir de ese día, cada vez que veía el emblema del tigre en el dojo, recordaba que el karate no era solo un camino de combate, sino un camino de vida, donde la verdadera victoria era dominar el corazón, la mente y el espíritu; como el tigre majestuoso que representa el Shotokan .



Fin


Kimer Ed-Enríquez

Noviembre/2024


sábado, 2 de noviembre de 2024

PUNTO FINAL


Cuando llega el punto final, lo que se espera es que hayamos escrito una obra maestra, una historia digna de ser recordada.  Esto es algo que nuestros ancestros y seres queridos ya han hecho.  Imaginen que ellos ahora caminan por los misteriosos senderos del Mictlán, ese reino que aguarda el alma de quienes han completado su viaje en este mundo.  No es un lugar sombrío, sino uno de continuidad y reflexión, donde sus espíritus aun escriben en una hoja distinta a la nuestra.

Al igual que en el karate, donde cada técnica, cada kata, es una pequeña obra en sí mismo, la vida es una serie de movimientos que debemos ejecutar con precisión y propósito.  Lo que decidas, lo que hagas, son los trazos que componen nuestro propio legado, las huellas que vas dejando.  Y cuando el punto final llega, ¿qué mejor que haber escrito algo tan sublime que resuene en la eternidad?

Los que se han ido —familiares, amigos, e incluso esas mascotas que fueron más que simples compañeros—, nos han dejado hermosas lecciones.  Nos enseñaron que la vida no se detiene con el último suspiro.  Al contrario, en ese instante cruzan a un nuevo dojo, uno donde continúan su aprendizaje enfrentando desafíos diferentes pero igualmente valiosos.  Quizás están allá, perfeccionando su propio karate espiritual, avanzando por el Do de los guerreros, del alma.

Y nosotros, que aún estamos aquí, debemos seguir escribiendo.  En cada día, en cada esfuerzo, hay una oportunidad de mejorar nuestra obra.  No sabemos cuándo llegará ese punto final, pero como en un combate de kumite, cada movimiento cuenta.  Lo importante no es solo la victoria, sino la calidad del camino recorrido, nunca lo olvides.

Así que, familia, alumnos, recordemos a quienes ya se han marchado, más que con tristeza, con respeto.   Ellos dejaron su huella en el tatami de la vida.  Ahora nos toca a nosotros honrar esa tradición.  Que nuestro libro, cuando esté completo, sea una obra digna de leerse junto a la de aquellos que ya caminan en el Mictlán.

Fuerte abrazo, este día de muertos.


viernes, 1 de noviembre de 2024

HACIA EL MICTLÁN


En la antigua Tenochtitlán, la muerte no era vista con miedo.  Los ancestros la comprendían como una parte más del gran ciclo de la vida.  Sabían que, al final, todo ser debía caminar por el misterioso sendero que llevaba al Mictlán, el lugar de descanso eterno, donde el señor Mictlantecuhtli, dios de la muerte, (también de la vida) esperaba pacientemente a cada viajero.

Cuentan los sabios que, cuando un alma dejaba este mundo, no iba sola.  Un perro xoloitzcuintle, guardián fiel, la acompañaba, guiándola por los nueve niveles del inframundo, hasta llegar a su destino final. Los ancestros no temían ese viaje, porque sabían que era un retorno, una reunión con aquellos que los habían precedido: abuelos, padres, amigos, e incluso las queridas mascotas que alguna vez compartieron la tierra con ellos.

Así fue el caso de Tlayol, un joven guerrero que, tras muchos años de lucha en defensa de su pueblo, finalmente sucumbió a las heridas de su última batalla. Cuando su cuerpo se enfrió y su aliento se desvaneció, su espíritu despertó en una vasta llanura envuelta en niebla.  Frente a él, un xoloitzcuintle de ojos brillantes le esperaba, moviendo su cola con un aire de familiaridad.  Era Coyotl, el perro que le había acompañado desde la infancia y que había fallecido años atrás. Sin necesidad de palabras, ambos entendieron que el momento de caminar juntos una vez más había llegado.

Mientras avanzaban por los caminos sinuosos del Mictlán, Tlayol reflexionaba sobre la vida.  Cada paso era un recordatorio de lo que había dejado atrás: el amor de su familia, las risas compartidas con sus amigos, las tardes serenas en compañía de Coyotl. Sin embargo, lejos de sentir tristeza, se sentía agradecido.  Sabía que, aunque ya no caminaban juntos en la tierra, sus recuerdos y su legado permanecían vivos en los corazones de los que venían atrás.

El viaje no fue fácil. Debieron cruzar ríos de agua negra, donde las almas débiles se quedaban atrapadas, y escalar montañas.  Pero Coyotl, con su sabiduría ancestral, guio a Tlayol seguro de lo que hacía.  En cada nivel, Tlayol sentía el peso de su vida terrenal irse quedando, dejando espacio para la paz y el entendimiento.

Al llegar al noveno nivel, Mictlantecuhtli les esperaba.   El dios de la muerte, con su rostro huesudo y ojos profundos, no era una figura temible.  Más bien, irradiaba una calma única.  Extendió sus manos hacia Tlayol y, en silencio, le permitió descansar. Ya no había dolor, ya no había miedo.  Solo quedaba la certeza de que, al final de todo, el ciclo había concluido de manera perfecta.

Tlayol entendió que la muerte no era un castigo ni un fin, sino una puerta hacia la eternidad, donde los recuerdos y el amor que había compartido seguirían vivos. 

Mientras cerraba los ojos por última vez, pensó en aquellos que todavía caminaban en la tierra. Sabía que algún día también emprenderían el viaje, y que no estarían solos. Un xoloitzcuintle, tal vez el mismo Coyotl, les guiaría hasta él.

Fin

Nuestros ancestros no temían a la muerte porque entendían su verdadero significado: un reencuentro con lo que amamos, una transición hacia un nuevo capítulo.  Aquellos que han partido —nuestros padres, abuelos, amigos, e incluso nuestras mascotas— ya han caminado por ese sendero, pero no están lejos.  Sus historias están escritas en nuestros corazones, y su presencia se siente en el viento y los recuerdos que soplan en las noches serenas.

Así como Tlayol fue guiado por Coyotl, nosotros también seremos acompañados cuando llegue nuestro tiempo.  Hasta entonces, vivamos nuestras vidas con amor y valentía, sabiendo que la muerte es solo una continuación, una hoja nueva en el gran libro de la existencia.


Los quiero mucho.