sábado, 28 de septiembre de 2024

ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR, EL PRESIDENTE MÁS GRANDE DE MÉXICO




"El que suelte al tigre, que lo amarre, ya no voy a estar deteniendo a la gente luego de un fraude electoral". Andrés López Obrador (Marzo, 2018)


En el año 2005, tuve el honor de saludar al entonces Jefe de Gobierno y personalmente decirle gracias por la oportunidad de darme un crédito para vivienda; cuando en ese entonces para los de nuestro nivel socioeconómico era casi imposible obtenerlo. 

Cuando me acerqué dándole mi mano, le dije “espero verlo pronto en la silla mayor, Señor”.  En 2012, al no ver una reacción agresiva o coraje por parte de aquel a quién le habían robado la presidencia, un espurio que al ganar había dicho "haiga sido como haiga sido", me sentí desilusionado. 

Pero posteriormente me di cuenta porqué lo había hecho; pocos, muy pocos lo observaron… De hecho, yo no me había dado cuenta hasta que le oí decir “esta vez no de detendré al tigre”; palabras más, palabras menos. Lo que había hecho con el plantón de Reforma, fue detener al Tigre que estaba muy, muy alborotado. 

Fue ahí cuando supe que el Presidente Andrés Manuel López Obrador, era muy diferente a todos los políticos que había conocido en mi vida. Desde Luis Echeverria, hasta Peña Nieto; pasando por fox, ese ente con botas por el que había votado, esperanzado por ver un cambio de aquellas lacras que nos habían gobernado por décadas. Todos sin excepción habían sido unas verdaderas mierdas. Quisieron cambiar la verdadera idiosincrasia del mexicano, de una gran cultura excelsa y grandioso pasado, por una del mexicano mediocre, güevón, pobre, corrupto y siempre jodido… Por supuesto, una perspectiva de las élites hacia nosotros, los de abajo.

El presidente López Obrador, me enseñó que al presidente lo ponemos nosotros, que está para servirnos y ayudarnos; para darnos cuentas, representarnos en el mundo, defendernos, Etc., ser como nosotros. Él, fue el único de quien escuché por primera vez, hablar bien del obrero, el albañil, el migrante, las afanadoras, amas de casa, secretarias, Etc., él fue quién por primera vez escuché un “Los mexicanos son los mejores trabajadores del mundo”, “no somos los más grandes, pero tampoco los más chicos”, “los mexicanos, están muy despiertos políticamente hablando”, “Si al mexicano no lo han derribado es porque su gran cultura lo ha salvado”, “ la Cultura del mexicano es de grandes civilizaciones”… Etc., 

Él, recorrió a pie, paso a paso al lado del pueblo que lo ama, (qué político ha hecho eso) desde el Ángel de la Independencia de la Ciudad de México, hasta el Zócalo, donde fue escuchado uno de sus más grandes discursos por millones de mexicanos en el mundo. Él me enseñó cómo debe trabajar todo aquel que se diga político, cómo vestir, cómo hablar del mexicano, cómo defenderlo en el mundo; él me enseñó a sentirme orgulloso por mi cultura, mi trabajo, mi bandera, mi nación. 

Él ha sido el presidente más grande y un gran ejemplo de constancia y persistencia por la búsqueda y encuentro de sus ideales… No logró todo lo que hubiera querido para México, pero dejó sentadas las bases que, estoy seguro, ahora, defenderemos por muchos años; porque su voz hará eco en muchas generaciones. 

Gracias, gracias, gracias por toda su enseñanza, gracias por no traicionar la causa, gracias por recordarnos cómo a amar a nuestro hermoso México.  Dios lo bendiga por siempre.


Kimer Ed

El Puente del Do



En un valle rodeado de montañas, había un dojo llamado Ollin Kai muy conocido por formar karatecas de gran valentía y sabiduría.  Cada cierto tiempo, los estudiantes debían cruzar un puente colgante que unía dos acantilados; un puente que no solo desafiaba el equilibrio y la fuerza, sino también el valor y determinación de cada practicante.

Aquel puente, aunque seguro, era viejo y tenía tablas sueltas, cuerdas desgastadas y estaba en el lugar exacto donde el frio y el fuerte viento lo sacudían de forma constante.  Sin embargo, todos sabían que cruzarlo no era solo una prueba de valor y de sus habilidades, sino un reflejo de su crecimiento como karatecas.

Como cada cierto tiempo, el Maestro reunió a sus estudiantes y les dijo que había llegado el momento de cruzar el puente. Todos, desde el más joven hasta el más experimentado, se habían preparado para la travesía. Sabían que, aunque el puente seguía siendo el mismo, ellos… Ya no lo eran.  Cada uno había entrenado duro, enfrentado sus miedos y aprendido a confiar en sus habilidades.

El primero en cruzar fue Luis, un joven lleno de energía, pero a veces impulsivo.  Al principio, avanzó confiado, pero a medida que el viento soplaba más fuerte y el puente se balanceaba, empezó a dudar.  Agarrado fuertemente de las cuerdas del viejo puente, cerró sus ojos y recordó entonces las palabras del Maestro: —Cada paso que des, hazlo con el corazón, no con la prisa de tus impulsos.— Con esta enseñanza en mente, Luis tomó un respiro profundo, abrió sus ojos y avanzó con calma, hasta llegar al otro lado.

Luego fue el turno de Kamila, una estudiante que siempre había sido cuidadosa y meticulosa. Al sentir la fragilidad del puente bajo sus pies, su mente se llenó de pensamientos negativos sobre lo que podría salir mal. Sin embargo, recordó los momentos en los que había superado obstáculos en el dojo, y cómo había aprendido a mantener la mente en calma y el cuerpo firme.  Con esa paz interior, Camila cruzó el puente sin titubear.

Por último, cruzó Jesús, el más veterano de los estudiantes.  Para él, este cruce tenía un significado especial, pues sabía que cada paso sobre el puente era una metáfora de su vida no solo como karateca, sino como guerrero.  El puente con sus desafíos era un recordatorio de que el camino nunca es fácil, pero que cada paso dado con sabiduría y determinación te lleva más cerca de convertirte en la mejor versión de ti mismo.  Jesús caminó con una sonrisa serena, y al llegar al otro lado, comprendió que había superado no solo el puente, sino a sí mismo.

Cuando todos hubieron cruzado, el Maestro les habló:

—Hoy, cada uno de ustedes ha demostrado su valía, no solo por sus habilidades, sino por la personalidad que han reflejado en sus decisiones.  Este puente no es diferente a los exámenes que enfrentamos; no se trata solo de llegar al otro lado, a un nuevo grado o una cinta diferente.  Lo esencial está en el cómo llegas, en lo que aprendes en el camino, en cómo creces y en quién te conviertes al cruzar el verdadero sendero, el de la vida cotidiana.  Eso, queridos alumnos... Es como cruzar, el puente del Do—.