lunes, 20 de octubre de 2025

Sueños

 


Versión revisada

Me asomé en sus sueños.

Una lagartija me espantó al correr de espaldas sobre la chimenea dorada,
entre algodón y frituras.

No lo podía creer:
yo estaba en el rincón de sus sueños...
en el tibio y acalorado rincón de sus sueños...
pero tenía frío.

Suertes por todos lados iluminaban —azul fantasma—
las migajas de miedo y tortura en el sillón de sus recuerdos;
basura celestial y tartamudos recortes de sueños pasados
impregnaban el ambiente.

Tomé un pedazo de paz que llevaba en los bolsillos de boy scout
—nunca sabes quién la pueda necesitar—
y la puse sobre las sombras de sus deseos.

Ahí estaba... estirando las manos al fuego que no le calentaba,
y volteaba, y me miraba...
y abría la boca... pero...
no decía nada.

Vio el pedazo de paz...
me sonrió...
un agradecimiento misericordioso se vislumbró en su mirada,
y una lágrima de tiempo recorrió mi calma.

De repente apareció en mi cama,
dormido...

Cuando abría mis ojos...
que despertaban.


Kimer Ed

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sábado, 11 de octubre de 2025

Las Dos Carpas




Dos pequeñas carpas nadaban por primera vez río arriba, enfrentando la fuerza de la corriente. Tenían que llegar hasta la gran roca para poder descansar antes de continuar hacia la siguiente, aún más grande y desafiante, ambas separadas por la misma distancia.

Al alcanzar la primera roca, una de las carpas, jadeando, le dijo a la otra:

—Lo siento, ya no puedo continuar. Estoy muy cansada. ¿Y tú?

—También estoy cansada —respondió la otra—. Pero el trayecto hacia abajo es tan largo como el que acabamos de recorrer.

—Pero, si voy río abajo, no tendré que hacer ningún esfuerzo —dijo la primera.

—Pero, si sigues río arriba, sabrás de qué estás hecha.

Ambas carpas se miraron en silencio, se despidieron sin palabras, y continuaron su destino: una río abajo, la otra río arriba.

A la mañana siguiente, la familia Tonal que descansaba en la casa de campo, disfrutó de dos ricas mojarras al mojo de ajo.


Kimer Ed

Mar/2025



El Burro y el Perro de la Granja



En la víspera del velorio, tras un novenario donde se despedía al patrón de la granja con ayes de dolor por parte de la viuda, el burro y el perro de la familia se encontraban conversando, ambos quejumbrosos.

—Creo que nuestra dueña es injusta conmigo —dijo el burro—. Desde que murió el patrón, me hace trabajar más, me deja descansar menos que a ti, no me da mimos como a ti, y, para colmo, me puso un nombre raro que nunca había escuchado.

—¡Oye! yo no tengo la culpa de que ahora me trate mejor —respondió el perro—. Lo único que hice fue avisar cuando venía el patrón.  Pero así como eso, también aviso cuando viene el coyote o el león, que podrían hacerte daño.  Deberías estar agradecido...

El burro resopló, molesto.

—Y sobre los nombres, a mí también me lo cambió —continuó el perro, con un tono irónico—. Me llama como al patrón, y a ti como al güey que se la tira... 

Eso sí es injusto. 


Kimer Ed

Mar/2025