-cuentos de miedo, memorias y otras presencias-
Hay presencias que no gritan ni asustan de golpe. Se esconden en la madera de una cama antigua, de unas escaleras, en el vaivén de una mecedora vacía, en el eco de una risa infantil detenida por los años. Este libro no está hecho para buscar sustos, sino para escuchar los pasos suaves de aquello que aún no se ha ido.
En estos cuentos no hay monstruos salidos de la oscuridad; hay oscuridades que habitan dentro de nosotros. ¿Quién no ha sentido alguna vez que lo miran desde un cuadro? ¿Quién no ha tenido miedo de una puerta entreabierta o de olvidar a quien ya no puede regresar?
Cada historia aquí es un espejo: corto, a veces roto, pero siempre reflejo de un más allá que no está tan lejos como creemos. Tal vez, incluso, lo llevamos dentro.
Te invito a leer con la luz encendida. O, si eres valiente… apagada.
Kimer Ed
Cada relato de este libro es como un
reflejo en el vidrio empañado de una ventana: breve, impreciso, pero cargado de
presencia. Hay memorias que no se fueron
del todo, susurros atrapados entre la madera crujiente de una cama antigua o la
brisa que balancea una mecedora vacía. A
veces son solo ecos… otras veces, advertencias.
No es necesario leer estas páginas en
orden. Puedes abrir el libro como quien
descorre una cortina vieja en una casa olvidada: sin saber qué hallarás detrás.
Algunos cuentos nacieron de sueños,
otros de recuerdos o de esas sensaciones inexplicables que nos acompañan de
madrugada cuando horas antes nos contaron algo.
No busco respuestas definitivas, sino
abrir puertas. Que cada lector se encuentre a solas con lo que le toque: un
miedo, una ternura, una memoria.
Bienvenido al umbral. Da el primer paso.
Las escaleras en el bosque
Hay relatos que no necesitan gritar para
helar la sangre. Este cuento es uno de ellos. En él, los ecos de una abuela
sabia y sombría se convierten en advertencia y destino. A través del sueño o
del umbral entre mundos, una voz infantil se interna en un bosque imposible,
donde las escaleras no conducen hacia arriba, sino hacia lo más profundo del
miedo. Aquí, los árboles son testigos, los ojos son almas, y los cuentos de la
abuela tal vez no eran solo cuentos.
La cama grande
Un adolescente citadino pasa una temporada
en casa de su abuela en el campo. Obligado
a dormir en la habitación donde falleció su tía, descubre que los recuerdos no
siempre son inofensivos y que hay presencias que solo necesitan un cerillo
encendido para despertar. Entre mecedoras, veladoras y cuadros antiguos, la
frontera entre lo real y lo soñado se desdibuja.
El ritual macabro (Día de los Muertos)
Lucía y Mateo crearon de niños un ritual
divertido para el Día de los Muertos, usando su perro Gaudencio como médium
juguetón. Años después, la tragedia transforma el juego en invocación. Cuando
Mateo intenta recuperar a su hermana desde el más allá, descubre que la memoria
puede ser también un portal. Pero en la muerte, olvidar a alguien puede tener
consecuencias impensadas.
La ventana (Microcuento)
Un anciano lucha por acercarse a la
ventana para ver el mundo una última vez. Lo logra. Pero al voltear, ve su propio cuerpo aún en el
sillón. Sin miedo, sin duda, deja atrás su andadera y se entrega a lo
desconocido. Un relato breve sobre la muerte, la libertad... y el vuelo final.
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Gracias.