Es
increíblemente sencillo para aquellos que abandonan a sus hijos a la buena de
Dios con sus antiguas parejas. No logro entender cómo pueden enfrentar a sus
propios hijos después de tantos años y mirarlos a los ojos. Sin embargo,
existen individuos peores, auténticas lacras y verdaderas desgracias sociales;
aquellos que, "después de unos días", se aparecen algún fin de semana
como si nada, procurando un amor de "a mentiritas o ficticio".
Ellos
no son quienes levantan a los niños para llevarlos a la escuela, no los visten
ni los bañan, no ayudan con las tareas, no cuidan de ellos cuando enferman, ni
siquiera los regañan durante sus berrinches. No comparten esos abrazos
reconfortantes ni comparten momentos de juego genuino.
¡Ah,
disculpa! ¡Jugar con ellos! Eso sí lo hacen... A regañadientes, por supuesto.
Y, claro está, después de unos días, compran esto, aquello y lo otro. Les
llevan regalos sin olvidar llevarlos de aquí para allá, con los niños
aparentemente contentos. Sí, para eso son buenos, "cumpliendo" con lo
mínimo necesario. Luego, lo presumen: "En serio, vale la pena gastar unos
pesos con ellos. Son mis hijos, me quieren mucho, lo merecen".
Jajaja,
qué falta de vergüenza. Más bien, dudo que la tengan o que alguna vez la hayan
tenido. Porque, normalmente, aquellos individuos crecieron sin madre.
Y los
niños, por supuesto, notan en casa las mismas caras de mamá o, en muchos casos,
de los abuelos (los padres de la madre, por supuesto). La presión constante de
aquí para allá todos los días les molesta enormemente.
Mamá
tiene que soportar no solo eso, sino también los gastos que aumentaron debido a
la maqueta que pidieron para el hijo mayor, las hojas, las copias, la canasta
básica que dicen que bajó pero que nunca es suficiente. O, peor aún (porque
nunca faltan esos perros), aquellos que solo ven glúteos y tetas necesitadas y no a una
madre que, en ocasiones, siente que se quiebra a mitad de la calle, a mitad de
la vida, a mitad de la adultez. Nunca lo ven esos desgraciados.
Ellos
nunca lo sufren, nunca lo padecen. Ni ellos ni los otros. Pero los peores son
esos últimos, los de "a mentiritas o ficticios". Lo hacen a expensas
del cariño y amor de los niños, de la inocencia de la edad. Porque los chicos
no saben nada más que ver a papá, lo cual llena sus corazones de alegría. Estos
"padres" abusan del cariño de los niños, tratándolos como si fueran
mascotas que felices son recibidas y abrazadas, y por ende, deben recibir su
caricia en la cabeza y unas cuantas croquetas. Oh, pero para ellos, eso es
amor, porque ¡lo sienten!
Pero
sabemos, yo lo sé... Y lo he vivido muy de cerca. Estos hijos de... La mentira,
son unos pobres padres a medias, padres del amor "a mentiritas o ficticio".
En
verdad te digo, tarde o temprano, la van a pagar.
Kimer Ed-Enríquez