
Son las tres de la mañana y nuevamente mis vecinos andan en la fiesta. No
me molesta que hagan fiesta. Lo que me
caga y preocupa es que luego terminen peleando y con pistola en mano tirando balazos. La última vez, mataron a la Denis, así le
llamaban a la perra a la que cada rato le pegaban. Escuché clarito cuando dijo
la vecina, ya deja esa pistola Martín… Ya deja esa chingadera. De repente se escuchó un disparo y la voz de
la vecina que llorando decía, ay, mira, chingada madre, ya mataste un perro. Después supe que era la Denis. Nunca imaginé que le fuera a llorar a la
perra a la cual maltrataba cada que se sentía abandonada por su marido, me refiero a su dueña. Francamente
yo dije, gracias a Dios ya va a descansar en paz esa pobre perra. Y es que cada rato le pegaban. Yo no entiendo por qué tienen animales si no
los quieren. No faltaban cada tres o cuatro noches a la semana los gritos de la
vecina diciendo, “ora, ya tú hija de tu pinche madre, hazte pa’lla, pa’llá,
hija de la chingada, y zas, zas”, y el llanto de la pobre Denis. Yo varias veces encabronado, por la ventanita
de mi baño gritaba al cielo sin
atreverme a ser directo, “¡ya dejen a ese perro!”. Hubo un día que sí le dije a la vecina cuando
de lejos la veía lavando y sabía que nuevamente se iba a desquitar con la Danis;
no le pegue vecina, es un perro, ellos no pueden defenderse y no saben lo que
hacen, no sea malita, no lo pegue. Y ya
sonriente me decía, es que luego no me hace caso, pinche perra; pero yo le insistía, no saben lo que hacen,
vecina.
Un día mi amado perro se metió a su jardín y se comió las croquetas de la Denis;
de inmediato vino muy seria a dar cuenta del robo que acababa de cometer mi
perro, pero yo no estaba y mi mujer fue la que recibió la queja. Por lógica, mi mujer casi la manda a la chingada
diciendo que cómo sabía que había sido el Wisdom, mi perro, el que había
agarrado la pinche comida de la Denis. Yo,
ya enterado de lo sucedido, le dije a mi mujer,
‒Ay, vieja, ¿pero es que no conoces a este tipo de gente?... Y luego, qué
pasó, qué le dijiste o en qué quedó todo; y mi mujer me dijo,
‒ Pues nada, que le pagara 10 pesos o que le comprara unas pinches
croquetas; y yo le dije, que no, y ya se fue.
Yo, sabiendo que la señora me veía con cierto morbo cada que nos encontrábamos en la calle, le dije a mi mujer,
‒ Dame una bolsita de croquetas, deja se las llevo. Mi mujer me dijo
‒ No mames. Y yo le contesté,
‒ Chingáo, espérate, aguanta, ya verás por qué te lo digo, siempre es bueno
no andar mal con esa pinche gente loca.
Y le llevé las croquetas. Toqué la puerta con una moneda y cuando salió le
dije muy atento y con un tono de voz sensual.
‒ Hola, buenas tardes, mi esposa me comentó que hubo un problema con mi
perro ‒ Ella también muy coqueta y sonriente me dijo:
‒ Ay, sí, es que se comió las croquetas de mi perra; yo le dije,
‒ Pues de antemano le ofrezco una disculpa y mire, como usted guste, le doy
los 10 o 20 pesos, usted dígame; o mire, aquí le traigo esta bolsita de
croquetas, que, son para la Denis, ¿verdad? Y ella me dijo, ‒ Sí; y yo le dije,
‒ La Denis me cae muy bien, se ve una linda perra y muy fina, no recuerdo
de qué raza son, pero se nota que es de buena raza. Ella me dijo,
‒ Ay, sí ¿verdad?, gracias; déjeme las croquetas, y disculpe pero es que…;
‒ No se preocupe ‒La interrumpí‒ al contrario, la disculpa es mía, que pase
buenas tardes, Saludos a la Denis, y sonriendo le dije‒ Dígale que disculpe al
Wisdom, mi perro; y ella con la bolsa en las dos manos, llevándoselas a su
regazo, y levantando un pie terminó diciendo
‒ Igualmente, jajaja, sí ¿verdad?
Creo que desde entonces le bajó a la forma de maltratar de la Denis. Pero
ayer la mataron. Después de tomar hasta embrutecerse y como siempre comenzar a
discutir, se oyó que sacaron la pistola y zas, se oyó el balazo. Menos mal que fue a la Denis, escuché que
dijeron. Yo digo que, porqué no se llevaron a uno de ellos mismos. Y bueno, la
Denis al fin va a descansar en paz.
Kimer Ed
Enero/2022