Hola, amados lectores; les quiero presentar a "Tino, el niño con Cara de Árbol"; es muy ad_hoc a esta temporada navideña y de fin de año, porque está lleno de un ofrecimiento de amor enorme; pero además estará en oferta, al igual que todas mis obras en todas las tiendas de Amazon en el mundo... Búscame como Kimer Ed. Aquí les dejo el link para Amazon.com . Les mando un abrazo fraternal. Bendiciones.
miércoles, 29 de diciembre de 2021
viernes, 24 de diciembre de 2021
MENSAJE NAVIDEÑO
Una frase que amo de Jack London dice:
“El sentido del ser humano
es vivir, no existir.
No voy a gastar
mis días tratando de prolongarlos.
Voy a aprovechar mi tiempo.”
Con ustedes, lectores míos, hermanos de la palabra
más que de palabra...
Como dijo Pablo Neruda:
confieso
que he vivido.
Gracias infinitas por
permitirme no existir
en mi poesía
y sí vivir la poiesis
que
he disfrutado
a lado de su lectura
sobre lo que escribo.
Gracias, gracias, gracias.
Que la navidad sea un
lindo pretexto para mirar dentro de nosotros
y confesarnos
satisfechos sobre lo que hemos vivido.
Y el año 2022,
continue con más fuerza
la infinita bondad
de vivir la realidad
de nuestros más grandes anhelos...
Dic 24,2021
jueves, 23 de diciembre de 2021
TIENE RAZÓN NEZAHUALCOYOTL (REFLEXIÓN DE FIN DE AÑO 2021)
De Nezahualcóyotl percibo su aceptación sobre la forma inalcanzable del Tloque Nahuaque; él describe sus miedos y enojo sobre no poder alcanzarlo y también habla sobre su resignación a no poder estar en él, excepto cuando ya no somos en esta tierra o vida. Hasta que morimos y por ende partimos de este mundo que conocemos. Es decir, percibo que al estar en este mundo, no somos lo divinos que creemos ser. Pero además, como si no tuviéramos derecho a ello por el hecho de ser humanos. Sin embargo, el mismo Nezahualcóyotl señala que los cantores de su tiempo o lo que yo llamo poetas de los nuestros, cuando llevan a cabo el canto o recitan poesía (yo agregaría, también cuando la escribimos), entramos en una introspección divina, y hacemos contacto con ese ser cósmico, cuántico o como él lo llama "Tloque Nahuaque". No sé si a todos les pase, pero a él, a Netzahualcóyotl, cuando canta se ilumina su ser, se vuelve divino... Cuando canta, se vuelve Dios.
Lo entiendo. Entiendo esa frustración de sentir lo que somos dentro de nosotros ante esa parte divina que trastocamos sólo en momentos eventuales o de excepción y lo que nos provoca en muchos momentos de nuestra vida; sé que aun no lo comprendemos del todo pero también sé que somos conscientes de que lo poseemos. Sé también que tenemos la consciencia de que pertenecemos a una esencia que no está aquí con nosotros, pero sí en nosotros. Y nos frustramos o nos enojamos por eso mismo, es en nosotros, pero nosotros no somos en ella... Pero finalmente lo aceptamos. En este sentido, ¿si él esta en nosotros, por qué nosotros no estamos en él?. esa es la pregunta que contiene la respuesta a esa frustación.
Pienso en los animales. Ellos, se dice que no tienen consciencia. También se cree que algunos animales cuando saben que morirán, su instinto y metabolismo biológico se activa para morir sin percibir dolor alguno. Yo lo dudo. Yo dudo que no tengan la capacidad para estar conscientes de que en determinadas circunstancias no tienen comida desde el momento que tienen hambre y no han comido. Y se nota en sus gestos. Esos gestos para mí son humanos. E identifico cuando un animal sufre o es feliz. Ellos deberían estar mucho más enojados con Dios porque ni siquiera tienen la conciencia de que viven... Sólo existen.
Ahora entiendo porque Netzahualcóyotl se resignó a aceptar al Tloque Nahuaque como lo que es: un Dios arbitrario e incomprensible.
¿No les pasa temer a la gloria cuando sabemos que estamos cerca de ella?
Cuando descubro, leyendo a Netzahualcóyotl, que se resigna y acepta la naturaleza de la divinidad del Tloque Nahuaque, sentir y decirse parte de él, sin estar en él, cuando dice: “somos contigo, no en ti; aquí, no allá; alégrate, amigo mío cuando seamos en él, allá. Pero soy el cantor y solo canto y flor cuando soy contigo”; descubro mi descontento por aquellos que son diferentes a nosotros y sufro con ellos (los animales). Porque creo que es injusto tener la naturaleza que tienen, sin haberla pedido, (también hay qué decir que lo supongo). Deduzco que no la piden a partir de considerar que no tienen consciencia. Sin embargo... Esto lo descubro en este momento: quién define la consciencia como tal y por qué se dice que los animales, por ejemplo, o una piedra, no tienen consciencia. Seamos sinceros. Nosotros lo hemos inventado todo, y desde nuestra propia perspectiva, es y ha sido, lo que queramos que sea; pero ¿Qué tal y los perros tienen su propia forma de agradecer, frustrarse, o estar inconformes con lo que conocemos (nosotros) como divino?
Tiene razón Netzahualcóyotl... Me disculpo. Por lo menos hasta que encuentre otra razón para pensar lo contrario.
Kimer Ed
Noviembre/2021
POEMA SOBRE LA COCINA DE MARÍA LA COCHINA
Claroscuros en el fondo arriba
incólumes cenizas de uno ahí
estamos acá
cuadro sangre
amarillo sobre cereza
rosas berrinche
y tiempos que duermen
una oración
amontonadas
en formas Botero
Esconden
bajo la mesa
una mancha
y garras
No soy
Soy la mano que falta
voltear la hoja.
Kimer Ed
Nov/21
domingo, 28 de noviembre de 2021
NARRATIVA DEL CUADRO “LA COCINA DE MARÍA, LA COCHINA” (FICCIÓN)
¿La recuerdas?, es la cocina de María la cochina. Me gusta porque todos miran cosas que no miran otros, y sacan sus propias subrogaciones cuadro por cuadro, personaje a personaje. En cada uno de ellos hay alguien o algo de nosotros que se mueve y se difumina cuando lo miras detenidamente. El adolescente que esconde la cara tras de un cabello largo como una muestra de su rebeldía. Qué adolescente no esconde sus pensamientos detrás de su cabello para no ser molestado por lo que piensa; pero ahí se encuentra, bajo el brazo fuerte de su padre que lo sostiene a él y su dinero, igual que a toda la familia; qué padre no intenta todo por su familia. Sonríe, con esa gran experiencia y seguridad que le han dado sus negocios. Se da el lujo de mirar con desprecio a la anciana que le pide algo de comer.
Los ricos y los pobres. Así suele suceder con ellos. El rico indiferente y sin piedad ante el desamparo del pobre que pide, pide y pide eternamente. Una monja, que al igual que su oración, igual, nunca deja de pedir. Tal vez se encuentra atrapada en sus creencias o en su religión que no le ha enseñado a ser independiente de Dios.
La esposa, “detrás de un gran hombre, hay una gran mujer…”, reconozcamos, siempre atrás; qué esposa no está ahí para apoyar a su hombre. Ella le susurra dos cosas al oído, aunque no alcanza a decírselo más de cerca. Se ve mal por la sociedad que la mujer le ordene algo a su marido: “ya deja ir al muchacho y dale algo a esa monja; dile que nos rece unas aves marías, esas oraciones nunca están de sobra”.
Los abuelos, que vinieron de visita se encuentran en la mesa de honor. Qué abuelo no parece ser considerado por el mundo como aquellos seres a los cuales les debemos todo el respeto y los vestimos de atención y oro. Desafortunadamente siempre están ahí, al lado de nosotros, abandonados, durmiendo sus recuerdos y susurrados por el tiempo que sólo les hace esperar al borde del abismo.
La resolana de la cocina de María, la cochina, pareciera haber influido, aunque sea por un momento en el disfrute de un delicioso almuerzo.
Ricitos de oro se encuentra acosada por su primo que la molesta con una sonaja; ¿A quién observas cuando la vez? ¿Qué refleja de nosotros esa niña berrinchuda sobre una silla que le queda grande y si se mueve bajo sus pies de niña rica aplasta el pan? No puede bajarse a ponerle un moquete al mozalbete de su primo que no deja de molestar.
La canasta de pan que su tío el multimillonario ha dejado sobre el piso con una serie de aditamentos es para el gran festejo que tendrá con su familia más tarde. Será como una gran cena porque lleva: Vino, dos grandes quesos de cabra y una gran canasta de pan.
Venancio, (siempre hay un Venancio al lado de un millonario), se ríe a las espaldas de su jefe que no deja de presumir la gran cantidad de libros que lee y que en realidad lee Venancio pero que ahora debe cargar; no le molesta, ya ha sido compensado con regalos para su familia. ¿Cuantos de nosotros por lo menos llevamos, aunque sea una vez al año, un regalo a nuestros seres queridos?
Todos ellos somos nosotros. Todos reflejan un tiempo y espacio, en un pedazo de alma, un algo de nuestro infierno… Un algo de nuestro cielo… Un algo de la cocina de María, la Cochina.
Kimer Ed
Junio/2021
lunes, 22 de noviembre de 2021
LA COCINA DE MARÍA, LA COCHINA (DESCRIPCIÓN)
Es inequívoco su misterio. En primer plano destaca el piso de rojo sangre que, aunque parece reluciente de limpio también denota el paso del tiempo en su desgastada arrugada textura y delgadas grietas de venas negras.
Todos los que ahí participan se apretujan en la parte superior izquierda. De arriba hacia abajo y de izquierda a derecha lo primero que vemos es un estante de recuadros donde se azulan en tenues blancos, negros y grises, pequeñas bolsas amarradas entre sí y cayendo en forma vertical. El primer personaje que aparece es un niño al que se está peinando por el que pudiera ser su padre, y a su vez es el esposo de María. El esposo con un gran gorro rojo parecido a una shapka-ushanka rusa, vestido de overol blanco, (clásico de los cocineros), sobre una chaqueta café claro. Denota interés no solo en el peinar de su hijo y la mirada indiferente y crítica hacia una monja que le mira; sino también hacia el contenedor de jade que sujeta con fuerza con su mano izquierda. Atrás de él, su esposa de tez afro con un gorro rosa, palotea duro a dos manos las tortillas del día, seguramente para el servicio que la mesa número doce ubicada abajito de ella y a su izquierda, donde dos ancianas con envoltorio de cebollas en sus cabezas apenas y descubren sus caras.
Frente a esas ancianas, su nieta de vestido moño blanco en su cabeza cubriendo sus cabellos dorados y sosteniendo un oso gris de peluche en su regazo, como ricitos de oro, les da la espalada porque, por la forma de sujetar su vestido y los gestos que hace, pareciera estar haciendo un berrinche.
Lo que las abuelas no alcanzan a ver es que el niño de cabello negro con sombrero verde oscuro y vestimenta de café cual duende del bosque, que se encuentra a la izquierda de su nieta, la molesta con una sonaja verde que no deja de mover.
El padre de ese niño, vestido con un saco amarillo muy elegante, corbata azul claro con figuras de colores, camisa blanca y un sobrero color café tenue con una hermosa cinta naranja, se encuentra mirando hacia nosotros molesto, dándole la espalda a la monja ya anciana con su túnica blanca hasta la cabeza y que con un rostro arrugado y de angustia, no soporta escuchar que le pide algo de comer al dueño de la cocina, quién aun le sigue mirando prepotente, peinando a su hijo.
A la derecha de la monja, debajo de ella, el español con su clásica boina azul, vestido de un saco verde, camisa blanca, corbata azul fuerte y un chaleco azul claro, indiferente voltea su vista, pero en sus manos ya lleva la cena en un contenedor blanco oscuro, casi gris.
Bajo ese contenedor se encuentra sus bolsas con diferentes artículos que al parecer son del hombre del saco amarillo, quién también a sus pies lo cercan cinco gruesos libros de una pasta rojo rosa; a un lado de ellos se encuentra también una quesera con tapa de cristal y con dos quesos frescos; a los pies de la niña una bolsa de ixtle con pan que aplasta un pequeño peluche seguramente de la nieta.
A la izquierda de la niña se encuentra un contenedor de un oxidado metal naranja con dos agarraderas, propio para el resguardo de leche fresca.
Por último, en la parte inferior izquierda del cuadro, se encuentra levantada una esquina que muestra un fondo negro como si alguien estuviera a punto de cambiar de hoja.
Kimer Ed
Junio/2021
viernes, 19 de noviembre de 2021
SER CUÁNTICO (sobre la construcción de un texto: 1% talento, 1% inspiración y 99% oficio) DE LA SERIE: PLÁTICAS CON MI MAESTRO
A propósito de la excelencia uno, uno, 99; ahora que lo leo, Maestro, pienso.
De alguna manera buscamos en cada escrito, ser eso...
Pero no necesariamente se encuentra cuando lo deseamos.
Me ha pasado que es el poema el que me busca y no el que me encuentra...
Y por más 99 que le ponga, el uno empuja al otro: al uno mismo.
Pero es ahí precisamente donde usted, Maestro, acierta con ese 99 del que habla.
Es cierto. Es formar del carbón escrito de golpe,
nacido de ese uno-uno,
un apretar y limpiar y pulir y hacer brillar, delinear, darle sabor, olor, color y rasgar su brutalidad,
aquella línea de la que brote sangre,
del uno, o del otro: del uno mismo...
Y hacerla, sangre propia
Para finalizarlo en poema.
Pero, sí, al escribir,
busco eso...
Ser cuántico, Maestro.
Kimer Ed
Abr/21
domingo, 7 de noviembre de 2021
TLA'TOLLI (PALABRA)
Otoños
Ollin
sempiterna primavera
angostas
cristalinas
líquidas y diosas
quetzal y coatls
de mil cantos matutinos
sobre horizontes abandonados
cantos genuinos:
Nadan sus alas
hacia un nacer…
Son de Tonales.
Kimer Ed-Enríquez
lunes, 1 de noviembre de 2021
LA CAMA GRANDE (DE LAS SERIES EQUIS Y TERROR)
La lluvia era de esas con las que mi madre se quejaba diciendo “no molestan, pero cómo chingan”. Y aunque la frase parece contradictoria, no lo es; porque la lluvia de esa noche no molestaba, pero los estragos que hacía a las afueras del pueblo eran terribles. Cuando menos lo imaginas, se desborda el arroyo por la “venida” arrastrando animales, difuntos, cosas, casas, árboles, etc.
Era de esas noches de lluvia tupidita donde ir a dormir era la mejor opción. Aunque fuera temprano. La tormenta había interrumpido la transmisión televisiva y no había telenovelas, por lo tanto, mi madre habiendo terminado sus quehaceres, optó por apagar las luces y mandarnos a la cama. Yo, citadino de nacimiento, que cada noche para mis tareas académicas después de la cena me quedaba a buscar en la radio, “radio mil”, con música diferente a la única estación local y que dejaba de dar servicio a las 19:00 Hrs., exactas, tuve que hacer lo propio.
Con trece de edad, en plena adolescencia, debía dormir en el cuarto donde había muerto años atrás mi tía Chave, pero juro que nunca tuve miedo de dormir ahí. En ese cuarto que era sólo para mí, por la adolescencia que menciono, había dos camas, una grande y un catre pequeño donde yo, bajito de estatura, cabía perfectamente; ese era mi lugar preferido. En esa recámara, había también un ropero, una mecedora, una mesita pequeña, un baúl enorme, Etc., todo antiguo. Sobre la pared de la cama grande había un cuadro con una fotografía en blanco y negro donde aparecía una mujer de pie con un atuendo negro y vivos blancos; otro cuadro que estaba sobre la pared de mi catre aparecía también en blanco y negro una pareja de adultos; en la pared cerca de la ventana, un “Sagrado Corazón de Jesús” iluminado perpetuamente por una veladora que mi abuela cambiaba cada que estaba a punto de terminarse. La noche era perfecta para leer, pero a pesar de la hora, no hubo mucho tiempo. Ahora sabrán por qué.
Mi cuarto quedaba al final de la casa. La única ventana de mi recámara daba hacia la huerta. Para evitar malas impresiones, lo mejor era cerrarla bien por las tardes, junto con las cortinas que cubrían todo el exterior, porque si lo hacías por las noches, y te asomabas hacia esa huerta, en verdad que daba escalofríos ver hacia afuera.
Sin sueño tomé dos de cuatro libros que tenía esperando a ser leídos: Cuentos de amor, locura y muerte de Horacio Quiroga y Pedro páramo de Juan Rulfo. Dejé a Poe y Hesse para una mejor ocasión. Leí “El almohadón de plumas”, “La gallina degollada” “a la Deriva” y cuando extasiado iba a la mitad de Pedro Páramo, se fue la luz. La lluvia no cesaba. En medio de la oscuridad, un estruendo de rayo terrible resonó en medio de la noche. La veladora que contrastaba su débil luz iluminando tenuemente el cuadro del sagrado corazón de Jesús se movió bruscamente. Tuve miedo. Posterior al rayo se escuchó un aullido prolongado de un gato rompiendo el silencio de mi cuarto y de repente se apagó la veladora.
Nunca había observado la cama grande que estaba a la izquierda de mi catre, y en ese momento no iba a hacerlo a pesar de haberlo pensado. Por primera vez en los meses que llevaba durmiendo ahí, veía cómo la cortina de la ventana se movía lentamente como si ésta no estuviera bien cerrada. Me levanté del catre donde estaba recostado y me senté. Por supuesto, sin desearlo, tuve que ver la cama grande de mi Tía Chave, y por primera vez me pregunté con cierto temor, en cuál cama habría muerto. Al querer voltear al catre donde estaba recostado leyendo momentos antes, un escalofrío recorrió mi espalda, no quise voltear.
Inmediatamente cambié mi pensamiento y quise levantarme a verificar si la ventana estaba bien cerrada, pero al percatarme de que la veladora estaba apagada, recordé que mi abuela decía que esa veladora la tenían encendida siempre, porque en ese cuarto había muerto mi Tía Chave, y una forma de dar luz a los muertos hasta que decidieran irse de este mundo, era mantener esa veladora encendida.
- ¿O sea que si se apaga puede que mi Tía Chave aun esté paseando por ahí, en el cuarto? - dijo mi hermana volteando a verme con una sonrisa traviesa y malvada. Y mi abuela siguiéndole la corriente dijo,
- Así es. Pero no te preocupes, hijo, yo la voy a mantener siempre encendida; a tu tía le gustaba mantener alumbrado a su Corazón de Jesús. Y desde que tengo memoria, después de su muerte, en paz descanse, nunca se ha apagado; yo no voy a ser la excepción, decía.
En eso estaba. Hundido en mis pensamientos sentado en mi catre y viendo hacia la cama grande y sintiendo cómo a cada segundo aumentaba mi miedo. De repente tocaron a la puerta: toc, toc, toc. Más espantado que nunca regresé a mi cama y me cobijé hasta la cabeza. La puerta se abrió lentamente y yo asomé un ojo por entre las cobijas que, en medio de la oscuridad, no servía de mucho, pero vi la silueta de mi abuela más jorobada de lo normal que entraba lentamente diciendo:
- Soy yo hijo.
Dio unos pasos hacia donde estaba la veladora, y sacó de entre sus ropas una caja grande de cerillos de madera; encendió uno y se apagó, encendió otro y su perfil se iluminó y yo cobijado hasta la cabeza sólo asomando un ojo, le dije:
- Abue, ¿podrías checar si la ventana está bien cerrada? Porque hace rato se movió la cortina.
Cuando acercó el cerillo a la veladora, un rayo de estruendo y luz iluminó todo el perfil de su rostro que se veía más acabado de lo normal. Volví a taparme por completo. La Abuela no me contestó. Escuché como dio unos pasos y se sentó en la mecedora; eso no lo vi, pero estoy seguro de que así fue porque la mecedora comenzó a rechinar como cuando yo me sentaba en ella. Me volví a asomar. Y efectivamente ahí estaba sentada, volvió a encender un cerillo y a su vez un cigarro, con el cual a cada fumada se iluminaba parte de su rostro. Recordé que la abuela había dejado de fumar, pero no le di importancia. La puerta estaba abierta y le pregunté:
- ¿No tienes frio, Abue? Después de un rato, me contestó con una voz más pausada de lo normal:
- Por supuesto, desde entonces tengo frio. Y le daba una fumada a su cigarro.
Y tú, dime, ¿te gusta esa cama?
- Sí Abue, es de mi tamaño y la siento más cómoda que la grande
- A mí también me gustaba. Cuando murió Roque, decidí que lo mejor era dormir ahí; hasta cambié los cuadros.
- Quién era Roque, abuela... -No contestó. A cada fumada, veía su medio rostro iluminado; cuando no me contestó, nuevamente un rayo iluminó toda su silueta y volteó a mirarme bruscamente… Sentí un escalofrío recorrer todo mi cuerpo y lleno de horror me di cuenta de que no era mi abuela. Recordé que esa cara la había visto en uno de los cuadros. Ese cuadro estaba en la cabecera de mi pared. Con mucha fuerza nuevamente agarré las cobijas hacia mí y no quise moverme. Pero la curiosidad me venció. Quería cerciorarme de que esa persona a la que había visto en la mecedora, ahí sentada, por increíble que pareciera, fuera la misma del cuadro; mi Tía chave, con su marido Roque.
Lentamente me fui asomando hacia la pared de mi cabecera y vi claramente, no supe cómo, el cuadro: y ahí, donde había visto siempre a dos personas, solo estaba una. Yo sin poder contenerme di un fuerte grito lleno de miedo y me asomé a la mecedora. Ya no había nadie, pero la puerta seguía abierta. Me levanté presuroso y sin ver hacia afuera, cerré la puerta y puse la aldaba, corrí hacia mi catre y al momento de sentarme para volver a cobijarme por completo, ¡oh, Dios todo poderoso!, grité nuevamente mucho muy espantado, NOOOOOOO, en la cama grande se veían dos bultos grandes cobijados como si estuvieran durmiendo. Sin pensarlo dos veces, quise salir corriendo de ahí, pero en ese momento llegó la luz y yo… Abría mis ojos… Ah, gracias a Dios, al parecer, todo había sido una horrible pesadilla.
Más tranquilo, regresé a mi catre y no quise apagar la luz. Pero me di cuenta de que la veladora estaba apagada, así que dispuesto a ir por los cerillos a la cocina, me di cuenta de que estaban a un lado del cuadro, los tomé y la encendí, pero al momento de apagar el cerillo y ponerlo sobre el cenicero que estaba en la mesa, ¡oh sorpresa!, vi tres cerillos apagados. Por instinto y el miedo hasta el culo, miré hacia la cama grande deseando no encontrarme con lo que había visto en mi pesadilla. Gracias a Dios no estaban los bultos que había visto antes, pero al momento de sentarme en el catre, me percaté de que las almohadas y las cobijas de la cama grande, estaban destendidas… Sin pensarlo me metí hasta el fondo de las cobijas y juré por todos los santos no volver a leer Pedro Paramo de Juan Rulfo, nunca más.
FIN
Noviembre 1°, 2021
jueves, 28 de octubre de 2021
Apunte: Nezahualcóyotl, Flor y Canto Náhuatl
En el libro: "Nezahualcóyotl, Poesía, Estudio preliminar, versión y notas de Miguel León-Portilla";
se habla de que en la cultura Náhuatl, a la poesía se le llamaba "Flor y Canto", y a los poetas, "Cantores de la Flor y Canto", estos poetas tenían a un dios particular llamado Xochipilli.
Esta poesía tocaba todos los temas: Política, sociedad, amor, alegría, tristeza, Etc. Pero lo que más me llamó la atención, fue la forma como Nezahualcóyotl, describe a Dios; además de ver en él un sentido gestáltico y filosófico, destaca su forma poética:
"Tloque Nahuaque": "El Dueño del cerca y del junto, el invisible como la noche e impalpable como el viento".
¿No es bello?
De esa visión divina, nació esto:
¿De dónde viene aquello que nos hace sentir el canto?
Del lugar del contento
donde habita el Dueño
del cerca y del junto
del origen divino
que hay dentro de cada cantor.
El cantor, es un poeta
Xochipilli
su patrono
y aquel que canta flor y canto
mientras más se adentra al origen
más poesía escucha y le acompaña.
El poeta
es el cantor del alma
y la flor de su poesía.
En un documental que pueden encontrar en YouTube llamado : "Cápsulas : Flor y Canto Miguel León-Portilla" :les dejo la dirección
https://youtu.be/yhUxn6VUHLU
a los poemas concretamente se les llama también "cantos de aflicción" y se subraya que la poesía náhuatl recurre a esa tristeza frecuentemente. También quiero destacar que Nezahualcóyotl a través de su poesía reflexiona e invita a reflexionar sobre la condición y por ende, aceptación, del "Tloque Nahuaque"...: les dejo este pequeño borrador de poema:
El Dueño
del Cerca y del Junto
existe, está
y nosotros querámoslo o no,
estamos con Él, no en Él
no aquí, sí allá;
nada se puede hacer.
Alegre entonces
contento
con Él aquí, ahora, canta hermano
porque mañana
estaremos en Él...
Allá.
Oct 28, 2021
martes, 26 de octubre de 2021
EL EDUARDO Y LA CUCA (De la serie Soy de por acá)
Eduardo y la Cuca
Como cada noche, la vieja cucaracha, Cuca, salió en busca de su alimento nocturno en la antigua casa universitaria. Esta vez, más ilusionada que nunca, había llegado un nuevo inquilino.
Comenzó su recorrido habitual, trepando y esquivando por la cocina en busca de comida. Subía y bajaba por el piso, la alacena, la cocina, el sartén olvidado con restos de la cena, las moronas de pan no recogidas, incluso la botana en la recámara. Ojalá este nuevo académico no fuera tan ordenado como la chica anterior, pensó, recordando cómo casi había muerto de hambre la última vez.
Porque, claro, establecerse en una casa cómoda tiene sus ventajas: amor cucaracho, comida en abundancia, espacio para dormir, reproducirse y... bueno, para cagar también. Así es la vida de una cucaracha: comer, dormir, cagar y empezar de nuevo. Tener una gran familia y ser feliz.
—Empezamos mal... —murmuró para sí misma al recorrer toda la cocina y encontrar todo impecable—. Vamos a ver qué hay en el nivel superior... ¡Bingo! Queso doble crema Filadelfia y moronas de galletas Ritz.
—Es una lástima que, estando tan vieja, no pueda ir por todos mis amigos y la familia, pero, pensándolo bien, no alcanzaría.
Después de una deliciosa cena, Cuca decidió dormir.
La siguiente noche, su rutina volvió a comenzar: subir, bajar, esquivar, recorrer. Ojalá el académico no sea tan pulcro...
Y efectivamente, en el baño encontró pasta de dientes. Deliciosa. Pensó en los suyos, pero seguro ellos también estaban bien alimentados.
Sin embargo, esa noche algo diferente sucedió. Era el universitario... Eduardo. Vaya, me tiene miedo… ¿o me está viendo?. Lo escuchó murmurar:
—¿Quieres queso, amiga?
—¡Wow, claro que sí! —pensó Cuca, sorprendida.
—¿Cómo te llamas?
—Soy Eduardo y te tengo miedo...
—Soy Cuca y no te tengo miedo.
—¿Podemos ser amigos?
—Encantada, amigos.
Así comenzó una extraña pero entrañable amistad. Cuca, confiada, salía cada noche al encuentro de Eduardo, quien inevitablemente gritaba cada vez que la sorprendía. Pero ella no temía ser aplastada. Hasta que una noche...
Olvidó algo crucial: la visión nocturna, un don que Eduardo no tenía.
Cuando salió a espantarlo como tantas veces, Eduardo caminó sin ver por dónde pisaba. ¡Zaz!, un crujido suave y pegajoso resonó entre su zapato y el suelo. Eduardo se detuvo, horrorizado: Cuca.
Así fue. Cuando la luz volvió en la cocina, ahí estaba ella, moribunda. Eduardo, triste, la aplastó por completo para terminar con su dolor.
—Adiós, amiga. —susurró Eduardo, triste.
Esa noche llovía, y Eduardo no sabía qué hacer con el cuerpo de su amiga. Tirarla a la basura le parecía cruel, no digno de una amiga. Entonces, observó una fila de hormigas acercándose a ella.
—Hola, pequeñas... tal vez sería un honor para Cuca que ustedes se encargaran de ella.
Las hormigas no contestaron, pero una se acercó y olfateó el cuerpo. Una tras otra fue llegando, hasta que Eduardo, confiado, se retiró.
A la mañana siguiente, el cuerpo de Cuca ascendía por la pared, llevada por varias hormigas que la trasladaban a su última morada.
Ahora, Cuca descansa, solo Dios sabe dónde. Pero su recuerdo permanece vivo cada noche, cuando cientos de hormigas llegan a la cocina en busca de azúcar que Eduardo, muy amablemente, deja regada en el piso.
Entre ellos ha comenzado otra amistad.
Agosto, 2021
Kimer Ed.
jueves, 2 de septiembre de 2021
MIRADAS (Una alma en espera-Rafael Cauduro)
![]() |
| Una alma en espera Rafael Cauduro |
“… Esas imágenes
son las que van
narrando mis
cuadros.”
Cauduro
MIRADAS
sobre la espina
de tu dorsal
Te veo
¿Me miras?
Esperanza,
que pierdes la esperanza.
Humor de la nostalgia,
alma olvido que respirar.
El silencio que asilencia
en el negro y blanco
de las
almas
olvida uniformes naranjas…
¿Olvidas el alma?
Espera,
es aquí donde espera
un alma,
la conciencia.
¿Eres consciente?
Esperanza…
Ya no espero.
Y tal vez me veas:
Verdad.
Yo, estuve aquí…
Tú, también.
¿Alguien más podría estar?
Kimer
Ed
Ago/21
domingo, 18 de julio de 2021
UNA TARDE CON POETAS (TONAL)
Letras
ideas y mezcal
impregnes
verdes
árabes y oídos
girasoles
acrisolan
al decir
abrazar
incidir
aumentar
el rehacer de los
qué somos
…Tonal
Kimer Ed
Julio /2021
RADIOGRAFÍA DE PRE-POEMA DE UNA TARDE CON POETAS
Niños jugando con letras
Impresos ideas y mezcal
Entre verdes y deseos
Entre árabes y cerros
* * * * * * * * * * *
Niños con letras ideas y
mezcal
Impregnes de verdes
árabes y cerros
Deseos envueltos en
girasoles y oídos
Atentos al decir
Al abrazar
Al incidir
Al aumentar
En un rehacer de los que
somos
Sin pensar
en un nacer
Tonal
* * * * * * * * * * *
Niños en letras ideas y mezcal
Impregnes de verdes
árabes y oídos
Deseos envueltos en
girasoles y tonal
Atentos al decir
Al abrazar
Al incidir
Al aumentar
En un rehacer de los
qué somos
Sin pensar
en un nacer
Tonal
* * * * * * * * * * *
Niños entre letras ideas
y mezcal
Impregnes de verdes
árabes y oídos
Deseos de girasoles
Y crisol
Atentos al decir
Al abrazar
Al incidir
Al aumentar
En un rehacer de los
qué somos
Sin pensar
en un Tonal
* * * * * * * * * * *
Niños
entre letras ideas y mezcal
Impregnes de verdes
árabes y oídos
Deseos de girasoles
Acrisolar
Atentos al decir
Al abrazar
Al incidir
Al aumentar
En un rehacer de los
qué somos
Sin pensar
en un Tonal
********
Letras
entre ideas y mezcal
impregnes de verdes
árabes y oídos
deseos en girasoles
acrisolados
atentos al decir
Al abrazar
Al incidir
Al aumentar
Un rehacer de los
qué somos
Tonal.
Kimer Ed
Julio/2021








