Gomita fue el último perrito de una camada de ocho; cruza de poodle con maltes y... enano con callejero. Delgado, largo para su estatura, de pelaje corto, blanco con manchas negras y definitivamente, muy simpático. Sin embargo eran ocho caninos en una familia de seis niños y dos adultos; pudieron quedárselos, uno para cada quién, pero eran muchas bocas qué alimentar. Así que se tenían que regalar los más posibles. La señora Montiel buscaría la forma de que se quedaran en familias sabedoras del amor que necesita una mascota; así como el Sr. Ramírez, quién sabiéndose solo, aceptó presto y sin demora su encuentro con el que sería su mejor amigo.
Al observar a los pequeñines que recién veían la luz, Gomita fue el quinto en salir, cabía en una mano y sus ojos ya estaban abiertos a diferencia de los demás. Su mirada al igual que su cabeza se perdían en el infinito; pero el Sr. Ramírez no dudó un segundo en saber quién sería su nuevo acompañante... -- ¿Cómo te llamas, amiguito? --- Se llama Gomita, contestó la más pequeña de la familia. --¿Cómo?, --Gomita. Está muy flaquito y es el más pequeño de todos, creo que cabrá en todas partes, por eso le puse Gomita. Muy bien, --asentó el Sr. Ramírez levantando al pequeño canino a la atura de sus ojos y dirigiéndose a él, le dijo, me parece perfecto: "Goma", así te vamos a llamar.
Goma creció en medio de cuidados propios de un ser amado, tanto que hicieron de él un perrito muy feliz. Desde pequeño, cuando no había nada qué hacer, Gomita se había acostumbrado a subir y estar sobre el hombro del Sr. Ramírez, quién sentando en su sillón de piel, pasaba las tardes leyendo algún libro. Gomita teniendo tan cerca algo parecido a una teta materna canina, tomaba una de las orejas del Sr. Ramírez por el lóbulo auditivo, y cual una pequeña tetilla, se acicalaba para dormir deliciosas tardes a lado de su amo.
Pero no todo era dulzura entre los amigos; la casa donde vivían era de dos niveles, para acceder al 2do. nivel, lógico, era a través de una escaleras, las cuales, no tenían protección... por qué habría de haberla si a la fecha en la casa no había niños. Un día, corriendo con uno de los zapatos del Sr. Ramírez, Gomita tropezó y voló por los aires de esa casa cayendo sobre su dorsal. En ese momento no expresó mayor dolor, de hecho sorprendía el hecho de que se levantara como si nada hubiera pasado.
Sin embargo con el paso de los años, su columna denotaba una pronunciada desviación que pronto llamó la atención del Sr. Ramírez. Así que sin más, lo llevó a una clínica canina. El resultado fue terrible a los oídos del Sr. Ramírez: no hay nada que hacer, muy pronto dejara de caminar con sus cuartos traseros... Se lo digo con la finalidad de que sepa lo que sucederá en un futuro no lejano... Hubo silencio total en ese pequeño cuarto lleno de instrumentos para mascotas. La mesa metálica donde estaba tumbado gomita, dirigía a su amo la mirada por demás confundida...
Cómo o quieres que terminemos este cuento?