
Sobresaltada
dirigí mi vista al reloj digital que estaba parpadeando las 12:00 Hrs. Tomé mi
teléfono y espantada vi que eran las 7:10 Hrs., el examen para el cual me había
preparado arduamente comenzaba a las 7:00.
Por inercia corrí al baño, resbalé y caí de sentón. Me regresé adolorida del coxis y mentando
madres. El abuelo que había escuchado
desde la cocina ubicada en la planta baja de la casa, me gritó: ¡Necesitas encender los focos correctos! Después de media hora de estar sentada a la
orilla de la cama ensimismada en mi tristeza y dolorida, con la vista perdida
hacia la ventana donde se insinuaba un rayo de sol, decidí bajar molesta y
pensativa: “Vale madres, eres una pendeja, el examen te daba acceso a la beca de un intercambio universitario en
otro país (me castigaba pensando entre mordidas de labios y refunfuñando) y por una estupidez y descuido pendejo, lo
has perdido todo. No sabía cómo desquitar
el sentimiento que traía atorado esa mañana. En medio de la oscuridad con mis pensamientos llenos de impotencia, comencé a escuchar ecos lejanos en la voz de mi abuelo.
--Te preparé un café de grano veracruzano, preciosa, pan
tostado con mantequilla y mermelada de fresa. Me dijo el abuelo con cara de "siéntate un momento y platícame algo". El abuelo era un hombre de facha antigua, fuerte
pero dulce, de una voz impresionante, siempre que escuchaban su elocuencia le
preguntaban si había trabajado en la radio y él sonreía y acentuaba más su grave voz. Yo, cabizbaja y aun perdida en una crítica implacable, me senté y tomé la taza dando
pequeños sorbos al café que estaba delicioso:
--Ay, abuelito, acabo de perderme de una beca
que… (silencios, sollozos)… para qué te explico, (detuve mi conmiseración), no sabes de qué hablo… tomé la taza y me disponía regresar a la cama…
-- ¡Señorita!, -me detuvo con su grave tono de voz-, Siéntate…
-- Abuelo, me siento mal…, interrumpí
molesta-…
--¿Te sientas?, por favor. Él,
insistió.
–Efectivamente, no sé de becas…
-- Abueeeelo… Con una mirada dulce que
nunca olvidaré, me dijo sonriendo
--Sé de focos.
Recordé
que en sus mejores tiempos, había sido contratista y un excelente
ingeniero electricista; lo que ahora es el Word Trade Center fue electrificado en su totalidad por mi abuelo; de ahí su
jubilación sin preocupaciones. Sonreí, irónica.
-- ¿Focos?, No, ¡¡¡inventes!!!… Él también sonrió y continúo…
--Imagina, hija, sólo ¡imagina! lo siguiente… en tu
cerebro tienes un interruptor para encender focos como los que hay aquí… me
señalaba a la pared y escuchaba impaciente mientras él continuaba.
--El color del foco que decidas encender, hará
que tu día y todo lo que te rodea, se ilumine de ese color; … Me miraba como
asegurándose de que estuviera comprendiendo.
--Primero, imagina y piensa en blanco y negro.
Y subrayaba con su mirada… Si te
levantas, das dos pasos y te caes… (como me pasó… Pensaba: ¿te burlas de mi abuelo?) lo escuchaba cada vez más molesta por el
egoísta momento que había pasado minutos atrás…
--... Y comienzas a mentar palabras altisonantes, --continuó--; responde
por favor lo siguiente: ¿Qué focos estás encendiendo?
desesperada
y a punto de irme, me levanté de la silla y le dije
–Abuelo, no entiendo, ¿de qué hablas?... y me disponía dar a la fuga…
--Escucha, por favor, ¡¡¡Sólo contesta lo
que te estoy preguntando!!! -me insistió. Impaciente, contesté
procurando seguir la corriente: …
--¿Negros?…
-- ¿Me preguntas?
-- Ashh, No. Está bien…: negros
-- Y si en lugar de levantarte diciendo
groserías te levantas cantando “Sana, sana, colita de rana, --comenzó a cantar--, si
no se compone hoy se compondrá mañana”…? Lo dijo tan gracioso que los
dos reímos en forma simultánea… ¿qué
color encendiste?...
–¿Blancos…? – Le
dije, aun sin entender, pero con la risa en la boca…
-- ¡Así es, preciosa!; ahora, imagina la
gama de colores e intensidades que podemos aprender a usar para iluminar nuestros
momentos… nuestra vida… -Aun no entendía la relación-…
-- Abuelito, perdí la oportunidad de competir
por una beca que estaba segura de ganar, con todo pagado, por seis meses, en
Chile, o sea… -y volvía a cegarme, conmiserativa, en mi egoísmo-
-- ¡¡¡No has entendido!!!, me
interrumpió contundente. ¡¡¡Dime en
términos de lo que te acabo de contar, ¿Qué focos estás encendiendo cuando
dices “perdí la oportunidad de”!!!?... Pensativa, después de unos segundos, contesté…
-- ¿Negros?...
Ash, no entiendes… -argumenté
–¡¡Quién no ha entendido eres tú!! – elevó
su tono de voz y se acercó, me tomó de la barbilla y me dijo:
--¿Me
harías el favor de encender los focos correctos?,
Titubeante
y esforzándome para reflexionar sobre lo que me pedía, le confesé
--Pero cómo, no sé, yo…
-- No pienses con groserías ni enojada, canta…
-y moviendo el índice de un lado a otro cual varita de un maestro dirigiendo
una orquesta, asintió-: “Sana, sana…
-comenzó
a cantar invitándome a hacerlo también… terminamos cantando los dos-: “… colita de rana, si no te compones...”
Ambos sonreímos a carcajadas. Me tomó de los hombros y señaló…
--Ahí
lo tienes, esos son los focos correctos…
no lo sueltes
–Pero…
- lo miraba incrédula y él insistía
--No lo sueltes; Y así, mantente durante
todo el día, todo el tiempo, piensa positivo, baila, canta, si lo deseas, piensa
en tu beca, imagina que ya estás rumbo a Chile o en que tendrás una oportunidad
de hacerlo de una u otra forma; imagínate ahí, caminando por sus calles, en la
biblioteca de la universidad, en un café… pero… acentuaba,
No
olvides, que debes… y señalaba mi nariz con su índice invitándome a
confirmar: “encender los focos correctos”, lo dijimos ambos sin dejar de reír.
Después de ese momento, les voy a ser sincera, no pensé en hacerle caso. Sin embargo, porque él así me
lo había inspirado al momento de hacerme reír, decidí darle vuelta a la hoja, “encender los focos correctos” y sonreír, pensar que todo pasaría y
algún día haría realidad mis sueños… ¡¡Agüevo
que sí, hay más tiempo que vida!!, me dije más animada.
Al
subir las escaleras, sentí un jalón en la parte superior de la columna que
deshizo el dolor que me estaba molestando desde que me había caído, lo cual
alivió en sobre manera mi estado de ánimo.
Al llegar a mi recámara decidí arreglarla y escuchar super música; entre
mi pecho y garganta, había una sensación de nostalgia convertida en resiliente
adrenalina que me ayudó a olvidar lo que había sucedido. Cuando recién terminaba de arreglar mi cama,
sonó mi teléfono móvil, era Patty, mi mejor amiga y con quién iba hacer el
examen del concurso para ir a Chile; me regañaba, porque según ella, no le
había avisado que nuestra universidad se había puesto en huelga.
–Patty, te juro que no sabía
--Entonces por qué no estás aquí, cabrona… hoy
era el examen
--Tuve un problema, y…
--Pues te salvaste, porque ahora hay un
desmadre que no imaginas, la Maestra Carmen nos juntó afuera en las jardineras y
dijo que no hay problema con el examen, en cuanto se arreglen las negociaciones
con los trabajadores y las autoridades que, según ella, estará arreglado para
el fin de semana, procederemos al examen.
--Oye, le dije sorprendida y
emocionada para mis adentros… Y tú ¿cómo estás? –Pues me siento encabronada, imagínate, haber estudiado
tanto para ni madres, o sea…
– Tranquila, “enciende los focos
correctos” le dije cagada de risa …
–¿Qué mamadas estás diciendo?... Yo,
cayéndome de risa en la cama le dije
–Ven a la casa, tengo Café y un poco de pan
tostado con mantequilla y mermelada de fresa…, tengo qué contarte algo que te
va a encantar
–¿En serio?, ¿chisme?, aaaayyyy, ¡va, va!,
ahí te veo.
Qué
les cuento… en este momento termino lo que me sucedió hace tres meses en casa,
antes de iniciar la aventura de aprender a encender los focos correctos. Estoy en
la biblioteca de la Universidad Católica de Chile. Estoy feliz y he conocido a muchos amigos que
están guapísimos, Patty ya consiguió novio y, aunque los primeros días “anduvimos pato”1, ambas nos
damos un espacio para recordar aquello que nos permita ver el mundo iluminado y
de otro color donde redunde la alegría de emprender un día más, así como nos enseñó mi Abuelo… ¿Que cómo lo hacemos?... sencillo,
ambas nos gritamos: ¡“Enciende los focos
correctos”!.
1.- Expresión típica Chilena
que significa “ando sin dinero”
Pedro
Eduardo
Febrero
2019