lunes, 29 de abril de 2019

¿DOLOR?


Dicha 
        de buscar el silencio

La sublime tristeza
        en la almohada o rincón oscurecido

El miedo a sufrir
        viajero y tiempo
                     ahí
                          ...                                 pero disperso.

Dolor del corazón  
                    que muerto...
                            sé que vive;
y que vivo, 
                         sé que muere.

Corazón 
               de ayer 
               sobre la aroma de tono tinto
hoy, vida...
               Reflexiono vino, sol y viento

Ah, la dicha...
               de buscar adolescentes
               gotas sentimiento 
y saberse herido.

Porque herido
        sé que vivo
sobre la espina
         su aroma respiro
y si exhalé ayer
         dos ayes tintos
vida, 
         vida mía...
Hoy, 
         tres evoco agradecido.



Pedro Eduardo
   Abril/2019

domingo, 28 de abril de 2019

MIXE



En una tarde de abril cuando los bosques se visten de ocaso, Saa Ìì o Pájaro sagrado, se dirigió al lugar de siempre para la meditación de cada semana, antes del sermón del abuelo Mëj tzatzok o gran piedra.
Eran largos los sermones del abuelo, pero a falta de personas con quién platicar de algo interesante, los cuentos semanales de Mëj tzatzok eran un manjar para el espíritu Mixe.

Los padres y la más pequeña de sus hermanas de Saa Ìì, habían muerto en los brazos de Wäjtsääny o Serpiente con cuernos.  Eso era lo que decía el abuelo, aunque Saa Ìì nunca la había visto…

Ahora, era tiempo de meditar.  Cerrar los ojos, contar del uno al diez, subir la pirámide contando escalones y al llegar a la cima, pensar en la mente vacía, no pensamientos… bajar y contar los escalones nuevamente, retornar a la cuenta inversa del diez al uno y antes de  abrir los ojos saborear una paz interior extraordinaria; así eran las tardes de meditación para Saa Ìì.

Sin embargo, en esa tarde… Kìmì Tuu o Estrella de la mañana, que asechaba desde lejos, fue acercándose poco a poco...

-     ¿Kimi Tuu?

-       ¿Saa Ìì?

-       ¿Qué haces aquí?

-       Te miraba mientras meditaba…   y…

-       Qué…

-       Vi tanta paz en tu semblante que sin querer…   te besé…

-       Cómo…

-       …  con el pensamiento.

-       Kimi Tuu, Estrella de la mañana, princesa de los Mixe, no debes pensar en eso, los Xëëmapyë o adivinos de los días…   nunca lo permitirían…

-       Saa Ìì, Pájaro sagrado, príncipe de los Mixe…    hoy más que nunca, siento sed , deseo.  He dado mi alma a Wäjtsääny pidiéndole besar tu boca…   pero vi tanta paz en tus ojos cerrados…

-       Kimi Tuu, lo sé, ella, Wäjtsääny, estaba aquí… es tal y como lo dijo Mëj tzatzok: blanca, ojos de chacal, piel de piedras y cuernos de fuego…  me habló, la vi en mi mente, pero, no ha podido vencerme… el abuelo ya no tarda en llegar, por favor, Kimi Tuu, medita conmigo…  o quien va a besarte seré yo…

La noche cayó en la tierra de los Mixe.  El bosque dejó paso a los cantos nocturnos y los dos hermanos, Saa Ìì y Kimi Tuu, escuchaban el sermón del abuelo.

Pedro Eduardo
   Abril/2019

jueves, 25 de abril de 2019

DESPIERTA



Caes, tibio, cansado.  El escenario en el que eres protagonista azula el preludio de una noche ciega.  Los parpados murmuran impulsos eléctricos y la lluvia se agacha en una señal atemporal hacia un abismo que desgarra su vientre.  Alcanzas a ver una mano estirada… no es la tuya… ¿o sí?  El momento inexacto da un vuelco donde todo es la nada.  Muerdes dos gemidos esperando que tu perro los escuche.  Las niñas hablan con un viejo momento vestido de noche sobre su ansiedad enjuta y deseo de ver una cara con manecillas en las 3:30 A.M.  La esperanza angustiada hace sus maletas rumbo a los murmullos gris y rojo, adentro. El espacio donde la nada te toca, se mecen voces en tus oídos; afuera… el silencio suspira, afuera. El brillo en ausencia de su esencia envuelve un yo perdido que flota hacia el universo de la gente, camiones, rosas, perfume, lluvia, beso… brazos abiertos… tortillas… frijoles. Un chile agiganta tonos terror y muelas crujiendo calles con caries que bailan sobre pantalones rotos, sin asfalto y perros atropellados.  Campanas limpian pensamientos aplastados y retorcidos en su gabazo, los repliega hacia paredes arqueadas por los ojos de las niñas que se han asomado y te persiguen.  Rompieron la seda escurrida de la oscuridad.   La niña más pequeña toca con sus dedos índice y pulgar, tu nariz...  Se deshace su mano mientras tus ojos gritan, tu voz no puede.  Eres polvo nácar volando en el espacio del olfato hacia tu perro que aúlla con el Polo Sport pirata de tus axilas.  La vecina muestra sus senos, te acercas para olerlos… es la niña más grande.  Tus gritos danzan en la almohada que océano en tormenta naufraga a la mañana que se acerca.  Un rayo de luz unicornio cabalga sobre el párpado izquierdo de tus ojos aun muertos. Las niñas fantasmas se van.  No sabes a dónde.   Tu contexto aniñado también...  La oficina… debes ir a la oficina…  no, no sin antes pasear a tu perro…¡¡¡Despierta!!!


Pedro Eduardo
   Feb/2019.

jueves, 11 de abril de 2019

AMIGA MÍA


En la señal de la cruz
de tu pensamiento diario
al anochecer o al brillar del día
se esconde mi "gracias"
querida, amiga mía.

En tu café matutino
con aroma a "buenos días"
mi despertar se llama "gracias"
dentro de mi alma,
preciosa, amiga mía.

En tu mirada indiscreta
a mi pantalón descosido
y en el zurcido sutil
de una mano maravilla
está mi eterno "gracias"
con cariño, amiga mía.

En el consejo de piedra
en la pedrada sentimiento 
y en aquello que pregunto
y se vuelve lluvia,
primaveras o desierto...

Tú que lo callas o lo gritas 
o vuelas en recuerdo
o en un beso de mejilla
cual la rosa con espinas
o la rosa, que acaricia al alma... 
lo haces todo o lo haces alba..,
hoy te reconozco..

gracias, muchas gracias, siempre…
dulce, amiga mía.


                                                                             A: Marcela Montiel



Pedro Eduardo
     Autor
Abril 11, 2014.

miércoles, 10 de abril de 2019

EL KARATE NO ES PARA POBRES


1ra Parte.
CONTEXTO
El maestro de karate le ofreció ayudar a su hija con los pagos respectivos, siempre y cuando no faltara.   Pero al descubrir lo talentosa que era la pequeña y el peligro contextual intrafamiliar en el que se encontraba, le dijo que sus clases serían gratis siempre y cuando tuviera cuidado en llevarla en tiempo y forma y considerara las siguientes condiciones: no faltar, participar mínimo a uno, o dos torneos al año, y hacer todos los exámenes; éstos por supuesto, deberían ser pagados por su cuenta.  Para el pago de la vestimenta, le ofreció un traje a menor costo y que no le representaría ningún problema considerando que era nuevo.  

En un principio parecía que la alegría de la niña comprometía a la madre en su atención, o por lo menos eso aparentaba.   La pequeña, siempre expuesta a un contexto de violencia y podredumbre miserable, denotaba en forma innata a través de su mirada que había opciones, alternativas, luz al final del camino… por el simple hecho de asistir a clases, así lo pensaba el maestro, ella tenía en cada entrenamiento, una razón para creer, tener esperanza, sonreír a la vida.

El profesor tenía la experiencia de que justo a los tres meses de trabajo, psico-socio-lógica y contextualmente hablando, hijos y padres, mostraban su verdadera identidad y de lo que estaban hechos. Y en el caso de la mamá de la niña exenta de pago, no fue la excepción, ella nunca fue constante, nunca mostró un verdadero deseo de aprovechar una lucha que sólo el profesor veía en la pequeña… una pelea injusta.
Así que llegó el día en que la niña comenzó a llegar despeinada, con las uñas largas y sucias, no solo las de los pies; al principio uniforme sucio y posteriormente sin uniforme; al paso del tiempo, sin sonrisa con vergüenza y sin esperanza.  Sin embargo, las ansias de entrenar y sentirse valorada continuaban a cada clase, a cada entrenamiento, a cada esperanza de llegar a un torneo, a un examen, porque así el profesor se lo hacía sentir… esa esperanza persistía.  El profesor constantemente le decía que era la mejor con tan solo seis años de edad.  La ponía como ejemplo en cierta posición técnica para mostrar a los grados más avanzados, algún aspecto que quisiera trasmitirles de mejor manera…  ella tenía esperanza.  
Pero no.  Pasaron dos torneos y nunca llegó el de ella.  Pasaron dos exámenes y de igual forma no estuvo ahí a pesar de su preparación ardua… nunca faltaban los pretextos para decir, no va a hacer esto, no va a hacer aquello… porque “no tengo para…”-.  Así que, para el tercer examen, el profesor no pudo mentir más, ya no estaba en su mano, se agachó a la altura de la pequeña, la tomó de los hombros y llorando le dijo…  escucha, algún día vas a crecer y te vas a dar cuenta de lo grandiosa que eres, te vas a dar cuenta que siempre hay esperanza y cuando sientas que se acaba, recuerda que en tu corazón y no aquí en la cintura, hay una cinta negra que te recordará lo que hasta ahora has demostrado ser a pesar de tu edad, a pesar de no haber ido a ningún torneo, a pesar de no haber hecho nunca un examen…  nunca lo olvides… tú eres una campeona… y si algún día necesitas ayuda recuerda que hay puertas por tocar…   yo soy una de ellas, nunca te rindas, cuando desees que te ayude en algo, no lo dudes, …  siempre cuenta conmigo, ok?   Te amo pequeña.

2da. Parte.
REFLEXIÓN

¿En qué va a terminar esa historia?  Sabiendo el contexto en el cual crecen las pequeñas como la mencionada arriba, podríamos adivinarlo sin dificultad. Personalmente he aprendido a no criticar a las personas que tratan de esa manera a sus hijos.  He aprendido que todo tiene una razón de ser y suelo pensar en fluir con el universo, tal vez  para no martirizar a mi conciencia.  También he aprendido que no se puede ayudar a todas las personas que sufren así en el mundo, aunque esos deseos no desaparecen fácilmente.  
Y no puedo evitar la reflexión al respecto.  ¿Por qué el interés por aspectos tan básicamente mundanos como el celular, cigarro, bebidas de cola, comida chatarra, dulces, etc., se sobreponen al amor y cuidado de un hijo que lo único que necesita es atención?
Me he encontrado con personas con gran convicción las cuales dicen “hay prioridades”.   Y hacen referencia al “pago” por un deporte como el karate.  Y si lo vemos desde esa perspectiva, donde lo único que veo es un pago por un deporte equis para mi hijo “por sobre su estudio”, “por sobre la comida”, por la "sobrevivencia”, estoy totalmente de acuerdo con ellos.  Pero desde ahí es que se comete el error de lo que llamo “mínimo básico” de atención hacia mis hijos.  Porque no es un pago para la práctica del karate por sobre cualquier otro aspecto, “es una inversión complementaria e integral de”, donde mi hijo se vuelve y por lo tanto yo me convierto, en una persona más comprometida con él en todos los aspectos.  
Pero ¿A qué me refiero?
¿Recuerdan ustedes haber llevado a su hijo a la escuela el primer día? Después de esa emoción, ¿qué otra, académicamente hablando se vuelve a suscitar? ¿A caso la graduación? (Hablo de educación básica) O díganme ustedes ¿A caso los acompañan a todos los exámenes trimestrales y/o están con ellos gritándoles o apagando su grito de “sé que puedes”, “ánimo hijo”, llorar porque gana o mejor aún llorar porque pierde en un examen o peor aun, verlos llorar y abrazarlos para decirles, estoy contigo, no pasa nada?, tal vez una noche están con ellos haciendo tareas, pidiéndoles que dejen de ver televisión o las redes sociales para hacer sus tareas, tal vez los ayudas con alguna duda, Etc., pero ¿Cuándo te has quedado con tu hijo a platicar sobre su miedo por enfrentar a su propio miedo?... en el karate debieras hacer eso y mucho más.

En el karate te ves obligado a ver por su pulcritud personal, la puntualidad; te ves obligado a platicar porque él te lo va a pedir, te ves obligado a darle un consejo, asistir a sus exámenes y ver su crecimiento, acompañarlo a un torneo y vivir en carne propia sus ansias y estrés positivo por llegar a ese momento, vivirás de cerca todos sus miedos por enfrentarse a los miedos de todo ser humano…   uno mismo.  Tendrás la oportunidad de ver de cerca cómo evoluciona conociendo sus propios límites volviéndose resiliente; conviviendo dentro de un contexto donde la mentalidad (como yo la llamo) “mínima básica” se remite al éxito de seres humanos sanos y extraordinarios que alimentan su crecimiento espiritual y físico con las máximas aprendidas en cada entrenamiento: carácter, lealtad y sinceridad, esfuerzo, respeto y no violencia, del Shihan Gichin Funakoshi que no solo fue un maestro sabio, además fue un poeta y como tal, sensible al espíritu humano.

3ra. Parte
CONCLUSIÓN

Lo lamento.  El karate, no es para pobres.  Y menos si se trata de tu hijo. El karate es para aquellos que aman y son apasionados… Y más si se trata de sus hijos o sus seres amados.  Si tú sabes amar y ser apasionado… Pero sobre todo, lo eres con tus hijos… Nunca, jamás, serás pobre.


Pedro Eduardo
    Abr/2019

martes, 9 de abril de 2019

EN EL UNIVERSO DE TODOS


Los años con Wisdom,
han sido los más fraternos y llenos de amor que he tenido en mi vida...

Es lo más cercano al cariño del hijo que no tuve... 

Amar de esta manera, 
duele...
y mucho
pero también me recuerda que soy humano. 

Si amas a alguien así,
disfrútalo
y procura ser responsable
en la medida que ese mismo cariño
te lo permita

Siempre sin imponer tu voluntad
ni dejar que imponga la suya... 

Aceptar 
que algún día ese amor 
se acabará 
en su aspecto físico...

Te puedes permitir pensar
que será eterno 
en su aspecto espiritual...

Amo a Wisdom
y sé que él me ama...
eso,
nos hace eternos
en el universo de ambos...

En el universo de todos. 

Pedro Eduardo
Abril, 2015.

lunes, 8 de abril de 2019

AMC


Es una implosión. Explosión hacia un punto nuclear en el pecho u hombro; hala todo lo que hay a su alrededor… espalda, pulmón, brazo, cerebro, respiración… seguridad y certidumbre.  Acción todopoderosa y desconocida. Se nubla la visión hasta la oscuridad.  Lo que crece inclemente, es el miedo, la desesperación vestida de ansiedad.  Y lo primero que te preguntas: “¿qué sucede?, ¿qué me pasa? Y lo primero que afirmas: ¡algo está mal!... la luz de la vida que conoces se difumina lentamente…

Tu mano acaricia a la mía
Seis meses
Allá donde el miedo nos alcanza
Donde los juramentos se desvanecen
deseos
lágrimas lloradas y por llorar


La noche alcanza a tu vista y cuando al fin llegas a donde te pueden ayudar, mueres…


Palabras lentas
Hablan solas
Sin decir…
Intentan imagen
Sonidos…
En silencio...
Hablan.

Y al regresar, nuevamente la implosión.  El pecho, el brazo izquierdo… duelen, dolor raro no experimentado antes.
Hay que llegar al hospital y... tiempo se vuelve lento.  Te vuelves a ir …

Luz entre los ojos cerrados
No hay espacio para el ruido
El morbo te observa
Te ayuda

Dos veces más antes de llegar al taxi… caes…   te vas….  Y regresas.  Ya sentado, pareciera recobras el aliento, el deseo de llegar al hospital se vuelve importante; te has dado cuenta de que un ataque cardiaco está en progreso... y tienes un miedo raro… nunca experimentado.
El operador del taxi más lento de la zona se asoma por el retrovisor y titubea, pero al fin se decide a preguntar en un tono de vergüenza:

- ¿Puedo pasar a ponerle gasolina?
- No inventes… –dice Betty entre dientes–  … enojos y reclamos por parte Marcela, que me acompaña y que me hacen intervenir para gritar un largo…
- Sí, ya. ¡Vaya! 

Y es que no puedes más que aceptar que de lo contrario no llegarías al hospital e implicaría perder más tiempo con la probabilidad nuevamente de perder el conocimiento;  la oscuridad se sentía muy cerca; a partir del esfuerzo que implicara, el bajar y volver a abordar otro taxi; eso, si es que lo encontráramos en medio del caos vehicular de la hora pico por una zona de las más conflictivas de la urbe citadina  (ahora sabes que, en el proceso de un ataque al corazón, debes guardar absoluto reposo).  Claro, seguramente se buscaría que fuera un modelo más reciente y que nos llevara más rápido pero ya no hay tiempo para eso, porque sin saberlo, urgía llegar al hospital.

Ya en el hospital, urgencias con su grande letrero nos indica a dónde dirigirse. Únicamente cuando te toca, te das cuenta de que ese letrero es fundamental… nunca piensas llegar ahí.  El personal administrativo lleno de cotidianidad y con voz indiferente pregunta tus datos generales; se dan cuenta (no sé cómo, tal vez la experiencia) que la atención que se requiere es vital y te dan el acceso inmediato.  Adentro, entre panecillos y la plática más rica de la mañana que ha sido interrumpida, alguien que parece médico vestida de civil, pregunta qué tienes.  Le explicas, pero continúa en la plática que había dejado pendiente con sus enfermeras (no tiene por qué dejarla).  Al mismo tiempo te toman la presión con un viejo baumanómetro… al ver el resultado deducen que algo anda mal porque el aparato marca una frecuencia sístole muy fuera de lo normal.  La médica gira instrucciones para tomar un electrocardiograma.  Alguien le dice: 

- Aquí hay uno –se refería al aparato– 
- Tómaselo…  ¿Sabes?  – Se dirige hacia una de las enfermeras
- …pues, más o menos…
procede a tomarme el electrocardiograma, chupones, mangueras, alcohol
-… acuéstese aquí…  ¿Se quita la camisa por favor? – Risas de las enfermeras que estaban ahí–
- Listo… 
- Pásalo, que tome asiento y espere…  
- En un momento lo atienden... –Dirigiéndose a ti–
Una enfermera que sale de un cuarto más grande, de entre todos los que están ahí, (muchos) te ve, se acerca y pregunta que si te sientes bien
- No, me duele el pecho…  –le respondes con una sonrisa ansiosa y espantada que mira cómo sobrevivir entre un pasillo donde camas, sillas y sillas de ruedas, estorban el libre transitar de enfermeros, médicos y pacientes con mangueras y frascos de suero–

Un médico, el residente, probablemente avisado por la enfermera que te había visto, te vuelve a revisar y vuelve a preguntar, cómo te sientes… no sabes responder… te envía a una sala diferente... allí te dan una pastilla y te dicen que la pongas debajo de la lengua, es café, pequeña y sabe horrible…  te dan nauseas, te agachas buscando dónde vomitar y Marcela, que te acompaña, te acerca un bote de basura… te hincas para vomitar, arqueas tu cuerpo y…
La soledad
Me acompaña
Es una boca cerrada
Murmuran otras oscuras
Nada
sentimiento
Nada.


Me fui.
Cuando regresé, un médico regañaba a la doctora vestida de civil que me había atendido al ingresar a urgencias, preguntando qué es lo que había pasado, que por qué no se le había detectado con anticipación… ¡Mire, sufrió un sincope!  (O sea que las veces que me había desmayado, habían sido síncopes)  Yo estaba en el suelo y dos personas me miraban espantadas. A Marcela, quién lloraba, ya la habían sacado de la sala.  Dos enfermeros me subieron a una camilla y el médico que supervisaba me dijo que no hiciera ningún esfuerzo.  Yo quería ayudar queriéndome incorporar, pero el médico pidió que no lo hiciera.  La enfermera que me había preguntado si me sentía bien en el pasillo de urgencias, ahora estaba ahí y era la que me atendía; se veía agitada, nerviosa y con cierto miedo.  El médico con un tono y actitud de culpabilidad por el servicio proporcionado por la persona que me había recibido dijo:

 - ¿Hay espacio en terapia? –dirigiéndose a la enfermera que continuaba conmigo– 
- Sí, doctor
- ¿Lo podemos llevar a terapia intensiva? –Parecía preguntarse a sí mismo y a la vez pidiendo y autorizándose… un permiso–
- Sí, doctor… 
- Califica. 
- Sí, doctor.
-  Haber, –dirigiéndose a mí que ya estaba en camilla– déjeme darle dos disparos más; –me puso una mascarilla y apretó dos veces a una botella que pendía de ella y se retiró.   La enfermera me inyectaba suero. – 
- Señorita, –me dirigí a la enfermera– ¿Eso qué quiere decir? ¿A dónde me van a llevar?…
- A terapia Intensiva…  –Guardó un momento de silencio mientras me acomodaba la manguera del suero, me tomó de un hombro, me miró a los ojos, y sonriendo, dijo–:
- Eso quiere decir que usted tiene un ángel y mucha suerte, ahí lo van a cuidar muy bien. 

Jonás era el nombre del camillero que me llevaba por largos pasillos a otro edificio hacia terapia intensiva.  Se veía apresurado, comprometido pero estresado por el exceso de trabajo…   lo quise sacar de su rutina mientras me trasladaba…

- Jonás, nombre bíblico… 
- Sí, es nombre bíblico… 
- Un personaje valiente y profeta…  el de la ballena, cierto?... 
- Así es.  Profeta Menor…
- Tu trabajo es grande, Jonás… –Al fin me miró
- Gracias. –Me cambiaron de camilla y la instrucción por parte de Jonás fue–:
- No se mueva por favor, va a tener una enfermera personal –y… se retiró–
- ¡Jonás!, –le grité–, gracias, que Dios te bendiga… 
- Gracias, que se recupere pronto, adiós…
-   Entonces… no se mueva y no haga esfuerzo alguno, –Me dijo una señorita muy amable– 
- Cualquier cosa que sienta o desee por favor me llama, voy a estar con usted y mi nombre es Gabriela… 
- Gracias, Gaby, espero no darle mucha lata… 
- No se preocupe.

Entre blanco y azul
La sonrisa de siempre
En tus ojos 
sin mirada
Ahí, allá, agujas,
Monitores, números, informes

Cada determinado tiempo exacto, siempre exacto, revisión de presión arterial, temperatura, pastillas, tablas, números.  La sala era exclusiva para seis personas, camas grandes, me gustaría decir que cómodas, pero no…  en un hospital cuando eres el paciente, nada es cómodo, en ocasiones, ni las visitas.  Cuando se acercaban las tres de la tarde, Gaby fue a despedirse y me presentó a Marisela… Tomé de la mano a Gaby una enfermera totalmente desconocida… y no sé por qué le dije:

- No te vayas… --Yo tenía miedo
- No se preocupe, estará bien, Mary va a estar con usted…
- ¿Vendrás mañana?
- Claro… –Me miró extrañada, pero comprensiva…  me sonrió.–
- Bye. –Me despedí, reflexivo por lo que había hecho, sobre lo que había dicho… por el extraño miedo (¿a la muerte?), que había sentido… “¿no te vayas?” ... ¿Qué me había sucedido?–

Transparente al tacto
Al sentimiento
No hay sentimiento que le rodee
Es intangible
Insensible
Es…
No…
En realidad
No es
Pero ahí está
Penetra sonriente
Pero… No porque ella lo desee
Es su naturaleza
Así fue creada y percibida por el hombre
La muerte estaba ahí, presente…
A mi lado.

Dormía y dormía.  La falta de asertividad con los que me atendían por la vergüenza de no molestarlos hacía que tardara en pedir el “pato” para orinar… pensar en evacuar me estresaba, un simple pedo me llenaba de angustia.  El baño era diario y quiénes me bañaban excepto un día, fueron mujeres. Nunca me imaginé un baño de espuma en mi propia cama…  mucho menos hecho por una mujer. Por las noches llegaba un doctor silencioso, tomaba datos, preguntaba cómo me sentía, platicaba algo con las dos enfermeras que estaban ahí y se iba, en ocasiones llegaba una doctora, ella siempre tenía una actitud docente con las enfermeras e intentaba explicarles los porqués de todo; antes de amanecer, cuando le tocaba al doctor llegaba medio despeinado y nuevamente hacía lo mismo; platicaba, preguntaba, escribía, daba algunas indicaciones y se iba.  La doctora siempre muy bien arreglada, hacía lo propio, excepto que procuraba dejar alguna enseñanza en las enfermeras que siempre atentas y hasta agradecidas escuchaban. La primera noche fue la peor de todas…

Noche de cine.
Muertos saliendo por todas partes
Nena, toma mi mano…
Somos pequeños los dos y ella
me regaña
está enojada conmigo
yo soy el culpable de haber puesto la película.
Blancos y negros:
Pedro Infante, personajes de la película “Pepe el Toro”
seres de terror formados para llegar…
No sé a dónde
formados nosotros también
tomados de la mano 
pequeños de la mano 
a dónde fuera…

Abrí los ojos…
Un abismo frente a mí 
“aférrate a la cama”
“no te sueltes, Lalo”
sudor frio en la frente
que se asoma a los pies 
agarrado a las orillas
y llegaba la enfermera a decirme…
“tranquilo, todo está bien”
No era un abismo…
era la frente de la muerte
Intangible
Sonriente
Pero… No porque ella lo desee
Es su naturaleza
… Así es como la percibo.


Gaby fue mi alegría por la mañana siguiente.  Ella siempre fue puntual, muy bien arreglada, limpia, amable…  extraordinariamente comprensiva.  Llegamos a ser buenos…   ¿Amigos?, no sé cómo llamarlo, pero en esos días la quise como si fuera alguien muy importante en mi vida…  (Lo fue). No creí que existiera eso.  También ahora que lo escribo comprendo que es parte de la naturaleza humana creada a partir…  tal vez de un contexto social, percepciones que uno tiene del mundo donde nos desarrollamos… de la educación que recibimos.  Y me digo esto porque lo viví, pero no necesariamente fue algo con lo que estoy de acuerdo, si me lo preguntaran ahora.   Lo que quiero decir es que fue una reacción no razonada.  Fue innato, natural.   Tuve miedo de algo desconocido que hasta ese momento conocí frente a frente…   la posibilidad de morir… y ese miedo me hizo asirme de todo lo conocido a mi alcance…  incluyendo personas desconocidas. 

Estuve cinco días en terapia intensiva.   En esos cinco días únicamente evacué dos veces por la vergüenza y una de ellas, me transportaron en silla de ruedas al baño…  duré otros cinco días más en piso.  En ese lapso presencié la muerte de dos personas por AMC, Ataque al Miocardio, el mismo motivo por el que yo estaba ahí; desde entonces dicen que soy hipertenso, yo les insisto que no es verdad porque mi presión arterial cada que la miden es de 120/80…    o menor… pero ellos, los médicos, dicen, sí pero ahora ya toma medicamento para controlarla…   tal vez algún día pueda demostrarles que únicamente fue un desliz emocional tras la muerte de mi hermana, la gente loca que está a mi lado y, si acaso, tal vez por mi sobre peso…  Nada del otro mundo… 

Pedro Eduardo
    Mayo/2016

martes, 2 de abril de 2019

OLVIDO... TAL VEZ OLVIDO.


Nada existe  

En verdad
todo es ilusión.

El tiempo no es tiempo

El amor no es amor

Ni el odio ni la mentira ni la verdad


Todo es mente…  ilusión.

Nada es fracaso, éxito…

Olvido… sí, tal vez sea olvido


Existen caminos
un gran plano mental

de éste, 
miles de lo mismo

de aquí, 
el poder de la creación

en cada ser
crear, crear, crear

Cuántos creamos inexistencias


Olvido… sí, tal vez olvido.


Ni lo tangible con sus colores
Ni lo deseable con sus sabores
Ni aquel feliz con sus delirios
Ni aquel pobre con su ambición
Ni aquel rico con sus orgullos
Ni aquel verso con su canción

Olvido… sí, tal vez olvido

Del camino en el que estamos
de aquel plano y su poder…
de crear.

Tal vez no existe el tiempo;
Pero
¿Qué hay del momento?

Sí, ese momento

éste o aquel


Como lo puede en el pasado,

en el ahora

o en el después…


Existe

Porque tengo el poder de la creación

Y ahora
aunque ya no exista
mi poema existió

Porque hasta terminarlo
existe…

Y porque tal vez
en algún futuro, (que ahora no existe),
Exista en tus ojos,
tu camino,
tu plano,  
tu poder…

En tu crear 
y tu creer

Si no…

Olvido…  sí, tal vez sea olvido…

De lo que somos.


Pedro Eduardo
   Junio/1992