
... El teléfono en la
oficina se encuentra descompuesto y vienen los técnicos para solucionar el
problema. Mi jefe aprovecha la ocasión para solicitar el cambio de
ubicación del aparato y para ello hay que mover dos que tres objetos
abandonados: un pantalón de mezclilla y un par de tenis viejos que se
encuentran en la esquina por donde deben hacer un agujero en una de las paredes
de concreto falso. Mi jefe es el desafortunado que mueve esas cosas y a
lo lejos de ahí, veo que avienta todo en una reacción rápida y espontánea… Ay,
cabrón, no mames¡¡¡ dice espantado.. ¡¡¡Ratones!!!!...
(Silencio).... Mueve lo que aventó y pregunto, cuántos son... Conté
como cinco, cabrón... Me alejo más y vuelvo a preguntar mucho más
escandalizado, ¿¿¿Cinco???, me contesta después de un momento... ¡¡¡Son
unas madrecitas!!!(haciendo referencia al tamaño)... Intenta pisar aquello con cierto miedo… Pero ya no
hay nada. Se fueron, güey¡¡¡... Ve mi cara y
advierte: Ahorita me vas a ayudar a matarlos, cabrón... Tomo mi
mochila de diario y presuroso le digo: ¡¡¡Estás pero si bien pendejo!!!....
y salgo de ahí.
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Pido a dos compañeros que lo
ayuden sin mencionar qué tipo de ayuda necesita el jefe. Yo, a lo lejos de
ahí escucho ajetreos, risas nerviosas y finalmente veo como salen a la calle
sujetando de ambos lados una caja de madera donde se guardan más objetos
abandonados. Se vuelven a escuchar más risas nerviosas y uno que otro
grito: ¡¡se te va!!! Ya se fue, cabrón. Yo,
suspiro.
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Volvemos a la oficina mi jefe,
un compañero y yo… y al acomodar los muebles que se movieron, mi compañero dice
en un tono muy serio: que te crees, que acabo de ver uno…
(Silencio) Se escondió detrás del librero. Por supuesto, estoy afuera de
la oficina.
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Mi jefe voltea a verme y dice: Ve
a comprarme unas trampas... De esas donde se pegan las ratas.
No mames, yo no voy a traer nada, hermano. Vas, cabrón, ¡¡¡ya!!!
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Regreso con dos cajas de cuatro
trampas; las más económicas con la esperanza de que no sirvan. Nos
retiramos y salimos de la oficina… Le pido al velador que él ponga las
trampas, pero que al día siguiente, las cheque, y si hay ratones atrapados, las
saque, por favor.
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AL DIA SIGUIENTE
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Abro la oficina, entro como si
nada y olvido lo que había pasado el día de ayer. Cuando muevo mi
silla veo una trampa y doy un salto hacia atrás al ver a un pequeño ratón atrapado
que no se mueve y, recuerdo al cabrón del velador; lo imagino cagado de risa.
Vuelvo a asomarme a la trampa... ¿Estará vivo?, me pregunto... me
acerco más... Salto nuevamente hacia atrás… veo cómo tristemente se mueve
intentando liberarse. ¿Qué hago?, pienso. Camino de un
lado hacia otro, vuelvo a ver hacia la trampa... me acerco más... veo el
tamaño del ratón y me da lástima ver cómo lucha por liberarse. Levanto la
trampa muy despacio y un tanto horrorizado... Observo al pequeño
animal... Es tan pequeño, que al verlo más de cerca, mi horror se vuelve ternura
cuando levanta su mirada; su cara es pequeña, sus orejas... No. Es de orejas
grandes, como los ratones de las caricaturas... Me observa con
cierta curiosidad y parpadea... Sus grandes ojos están llorosos... Vuelve a
luchar por liberarse... ¿Llorará?, me pregunto... ¿Pero,
qué te pasó, amiguito?, estúpidamente le hablo... Lo dejo nuevamente en el
suelo... No puedo arrojarlo así a la basura… Me digo
decidido a cambiar su historia.
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Levanto la caja de la trampa utilizada
que está sobre un escritorio, solo fue utilizada una trampa. Leo las
instrucciones y veo que no hay forma de liberarlo. Sin embargo, en
una de las observaciones dice que: "si
se moja, la masa pierde la consistencia y se vuelve gelatinosa; que se quite el
exceso de agua y volverá a su estado normal". Levanto mi cara y
reflexiono: ¿Lo habrán puesto ahí con toda intención para tipos lindos como
yo?... Busco una bandeja y mido la trampa. Es muy
pequeña, necesito una más grande... ésa es perfecta!!!
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Levanto la trampa utilizada con
mi nuevo amiguito atrapado... Lo vamos a intentar, ¿O.K?, le digo
nuevamente en forma por demás estúpida. La vuelvo a dejar en el piso y primero
mojo su cola… espero unos segundos y veo qué pasa... ¡¡¡sí!!!, se
libera la cola. Mido la trampa en la bandeja… Pongo agua en el
recipiente y analizo la forma en que la utilizaré sin que mi amigo se
ahogue. Levanto nuevamente la trampa y lentamente la introduzco con mi
amigo aun atrapado, lentamente... ¡Demonios!, ¡¡¡hubiera puesto agua
tibia, es muy pequeño!!!... Lo siento, ya el agua cubre su cuerpo… Dejo
su nariz que no se encuentra pegada, fuera del alcance del agua... Espero
un momento... Y veo como poco a poco se libera... Una pata
primero..., Luego otra.... Las dos traseras… Faltan dos... Falta
una... ¡¡¡Lo vas a lograr, amigo!!!... Llevo la
bandeja con el pequeño ratón y su trampa que poco a poco deja de serlo.... Lo
deposito lentamente en el tinaco de basura que afortunadamente tiene muy
poca.... Acomodo el recipiente de tal forma que no se derrame y que
tampoco lo vaya a ahogar... Está hasta el fondo del tinaco bien acomodado…
No hay luz... Lo dejo y contento me retiro... Tengo
curiosidad... Vuelvo con mi teléfono celular y la lámpara
encendida... Lo veo luchando... Falta muy poco... Al
fin lo logra y veo su extraordinaria y pequeña anatomía nadando en la
bandeja de la cual no puede salir... Sonrío... Tomo una orilla y
derramo el agua... Cae fatigado pero ya seguro... Y le digo...:
ya cumplí, amigo... ahora te toca a ti...
-
Esta noche escribía triste...
pienso en ese ratón y balbuceo... ¿Gracias?; no, amigo, gracias
a ti, ya no lo estoy… Soy un ratón con suerte.
Pedro
Eduardo
Agosto/2014.