A veces el pasado duele (como a mi el 2015),
es tanto el dolor que te vuelve adicto a,
y ahí nos queremos quedar;
en otros casos,
el sentimiento es contrario,
es tanta la felicidad
que de igual forma,
deseamos perdernos en el pasado.
También los hay (momentos) futuristas,
ya emocionantes y llenos de feliz ansiedad
o ya de triste tortura.
Y qué decir del presente,
tal vez el espacio de tiempo más (para muchos) importante
porque son los que verdaderamente (en realidad no tan verdaderamente)
vivimos con o sin intensidad en el aquí y ahora... ;
aunque, (aquí viene lo “no tan verdaderamente”), si observamos bien,
en realidad, esos momentos nunca están ahí....
pasan (nada los detiene)
pasan tan rápidos o lentos (según nuestro sentir)
que siempre nos parecerá poco o mucho
pero nunca, lo suficiente (algo) para que se detengan;
y pasarán (los momentos) a pertenecer,
ya sea al depósito (cual basurero) del tiempo (llamado pasado)
donde radican todos nuestros recuerdos
o bien, a aquellos recipientes de tiempo que tenemos (guardados)
aún por abrir (futuro).
En lo particular,
Francamente no me interesan (en esta ocasión),
esos recipientes de tiempo.
Lo que me interesa... (en esta ocasión),
lo que en verdad me importa, (en este momento)
Son aquellos sentimientos que nos provocan aquellos momentos atemporales
Esos momentos que nos recuerdan así... (desnuditos) tal cual, pequeños o grandes,
lo que somos en este universo (seres humanos).
Es en ese sentimiento en el que quiero enfatizar (el día de hoy)
ese sentimiento es en el que te invito
a enfocarnos sin importar que tipo de sentimiento sea (tristeza o alegría)
visualizar e imaginar que la “sensación” (“mala” o, ”buena”)
se transforma en un ingrediente sólido, tangible, palpable;
el cual tomas con manos firmes
de nuestro amor y cuidado
e introducirlo
en una máquina (imaginaria)
de AGRADECIMIENTO
y ver salir de ahí (de esa máquina),
un “gracias porque he sentido, siento y sentiré” “eso” que me recuerda
que soy “un ser humano”;
o un… “me siento sumamente agradecido” de lo que soy gracias a esos sentimientos;
o un… “muchas gracias por por darme la cualidad más grande del ser humano: El sentimiento”.
O… (o simplemente) cerrar tus ojos y dar gracias, gracias, gracias...
Porque si lo hacemos, como yo,
verás transformar tu vida en una extraordinaria aceptación de lo que somos
y buscamos eternamente: equilibrio y armonía…
porque (así lo creo) tú y yo… nosotros, somos universo.
Pedro Eduardo
Mayo/2019
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