lunes, 22 de julio de 2019

ESO




I.- Si te llena, es porque te falta.
“Cuando miro a los perros dormir, veo en ellos una paz tan desapegada a lo que somos como seres humanos, que me llena verlos”.  Eso lo he dicho varias veces. 

Y si me llena es porque… ¿A caso hay un vacío dentro de mí? ¿Por qué me gusta ver los ojos, nariz mojada, cara enjuta, de sonrientes caninos?, ¿Qué es lo que veo en ello, que me hace falta?

Ver llover también me llena.  Igual, un día me pregunté cuál sería el verdadero motivo por el que me gusta tanto, sobre todo después de una temporada de sequía cuando maravillado por su aroma y color me detengo a contemplarla con un sentimiento parecido al de una mirada perdida en una noche estrellada de invierno; o aquel cuando las palabras danzan sobre hojas blancas y entornan el lápiz que sin borrador se retuerce en los labios esperando el aliento de un anhelo o quimera no escritos. 

II.- Divinos

Platón dice en sus Diálogos que el cuerpo es la parte humana y el alma la parte divina.  En el Antiguo Testamento de la Santa Biblia, concretamente en el Génesis 3, se habla de Adán y Eva, la manzana del árbol de la sabiduría, la serpiente, Etc., donde son desterrados del “paraíso” porque Adán decide probar del árbol de la sabiduría… los animales no.  Bajo estas premisas muy personales, comprendo que los animales existen sin ese pesar que es la consciencia; observe lo que estoy diciendo, “pesar”.  A partir de que tenemos consciencia, dejamos de pertenecer a lo que nos hace divinos, excepto por el alma, único vínculo que tenemos con “algo superior” existente en el universo.

Cuando siento el placer de ver llover y su repercusión en la gente, cuando veo a los perros dormir gozando de su santa paz espiritual cuando veo la lejanía en el horizonte, la montaña, la luna en una noche estrellada… Soy yo el que anhela regresar al sentimiento de esa paz universal que se dejó en un paraíso desconocido. 

III.- Robar esencias

De pequeño con no más de 12 años, me gustaba pararme en el balcón de la casa donde vivía.  Ahí solía robar la sonrisa de las señoras jóvenes que pasaban por la calle con movimientos naturales, pero para mí candentes.   Ellas notaban ciertamente que esa mirada morbosa era ridícula venida de un chico de tan corta edad; pero si se daban cuenta de esa acción, también les provocaba “algo” y sentía cómo desprendían “eso” que aún no sé qué es, pero sé que existe y que yo en verdad disfrutaba robando.
Hasta ahora, cuando por alguna buena circunstancia lo hago y me resulta propio, en verdad que me llena el alma.  Es tan rico robar una sonrisa de alguien que te gusta… Una mirada.

IV,. De cómo descubrí que Dios nos abandonó

En alguna ocasión me castigaron en mi trabajo; el castigo consistía en limpiar el piso de un salón de eventos diariamente.  Yo había olvidado hacer ese tipo de tareas porque en mi casa normalmente hay quién las haga, así que en un principio sufrí con las formas de maniobrar la escoba, jerga, medida exacta de limpia-pisos en el agua, Etc.,

Sin embargo, en cuestión de días, me llamó mucho la atención que llevaba un ritmo en el manejo con la jerga y el halador sencillamente extraordinarios: rítmicos y exactos.  Había un vaivén impresionantemente armónico.  La metodología en la cantidad de agua, las medidas exactas de limpiador y cloro, la forma de introducir el mechudo en el balde de agua, sacarlo y llevar a cabo la acción de limpieza, Etc., se hicieron no solo exactos, sino estratégicos para la optimización de recursos y energía utilizados.

Pero…  ¿quién diablos me enseñó eso?, ¿cómo lo logré sin instructivo alguno?

Mi conclusión fue definitiva.  ¡¡Somos seres divinos creados por un Dios o Diosa o ambos, todo poderosos, que posteriormente nos abandonaron, aquí, en la Tierra!!   Porque… ¡¡¿Por qué diablos me dejarían un alma que aprendiera en tan corto tiempo a limpiar con pasos rítmicos, medidas exactas de cloro, pino y agua, estrategias y formas de acción, sin saber prácticamente nada al respecto?!!...  

V.- Eso

¿Cuál es el motivo por el cual no me cansa mirar las noches estrelladas de invierno, la luna de noviembre, el ocaso, la lluvia, los perros dormir? 

Sencillo, ahora lo veo:  no pertenecemos a este mundo, pertenecemos a un todo que está disperso en nuestra consciencia… consciencia que constantemente se busca a sí misma en lo que existe afuera y no adentro. 

Lo siento, aún no le he puesto nombre, pero saber e imaginar que lo lees, me satisface y llena el alma que, sin embargo, nunca dejará de sentirse vacía de... “eso” que algunos llaman energía.


Pedro Eduardo
  Julio 2019.

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