Digamos que digo nada.
Que solemne
lo incólume de mi silencio
habla en el vacío.
El otoño se desliza en
mis ojos
y apenas dorso botón
besa apretado el corazón.
No sabes nada.
El ardor se quebranta
en lenguas de fuego
que se atragantan de impotencia
¿Y tú...?
No sabes.
¿Sabes?
No sabes...
a nada.
Autor
Pedro Eduardo
Enero, 2014

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