martes, 15 de octubre de 2019

LOS FOCOS (FRAGMENTO DE LA SERIE "CUENTOS Y ENERGÍA")



Sobresaltada dirigí mi vista al reloj digital que estaba parpadeando las 12:00 Hrs. Tomé mi teléfono y espantada vi que eran las 7:10 Hrs., el examen para el cual me había preparado arduamente comenzaba a las 7:00.  Por inercia corrí al baño, resbalé y caí de sentón.  Me regresé adolorida del coxis y mentando madres.  El abuelo que había escuchado desde la cocina ubicada en la planta baja de la casa, me gritó: ¡Necesitas encender los focos correctos!  Después de media hora de estar sentada a la orilla de la cama ensimismada en mi tristeza y dolorida, con la vista perdida hacia la ventana donde se insinuaba un rayo de sol, decidí bajar molesta y pensativa: “Vale madres, eres una pendeja, el examen te daba acceso a la beca de un intercambio universitario en otro país (me castigaba pensando entre mordidas de labios y refunfuñando) y por una estupidez y descuido pendejo, lo has perdido todo.  No sabía cómo desquitar el sentimiento que traía atorado esa mañana.  En medio de la oscuridad con mis pensamientos llenos de impotencia, comencé a escuchar ecos lejanos en la voz de mi abuelo. 
--Te preparé un café de grano veracruzano, preciosa, pan tostado con mantequilla y mermelada de fresa.  Me dijo el abuelo con cara de "siéntate un momento y platícame algo".   El abuelo era un hombre de facha antigua, fuerte pero dulce, de una voz impresionante, siempre que escuchaban su elocuencia le preguntaban si había trabajado en la radio y él sonreía y acentuaba más su grave voz.  Yo, cabizbaja y aun perdida en una crítica implacable, me senté y tomé la taza dando pequeños sorbos al café que estaba delicioso:

--Ay, abuelito, acabo de perderme de una beca que…  (silencios, sollozos)…   para qué te explico, (detuve mi conmiseración), no sabes de qué hablo…  tomé la taza y me disponía regresar a la cama… 
-- ¡Señorita!, -me detuvo con su grave tono de voz-, Siéntate…
-- Abuelo, me siento mal…, interrumpí molesta-…
--¿Te sientas?, por favor.   Él, insistió. 
Efectivamente, no sé de becas…  
-- Abueeeelo… Con una mirada dulce que nunca olvidaré, me dijo sonriendo
--Sé de focos. 
Recordé que en sus mejores tiempos, había sido contratista y un excelente ingeniero electricista; lo que ahora es el Word Trade Center fue electrificado en su totalidad por mi abuelo; de ahí su jubilación sin preocupaciones.  Sonreí, irónica.  
-- ¿Focos?, No, ¡¡¡inventes!!!…  Él también sonrió y continúo…
--Imagina, hija, sólo ¡imagina! lo siguiente… en tu cerebro tienes un interruptor para encender focos como los que hay aquí… me señalaba a la pared y escuchaba impaciente mientras él continuaba.
--El color del foco que decidas encender, hará que tu día y todo lo que te rodea, se ilumine de ese color; … Me miraba como asegurándose de que estuviera comprendiendo.
--Primero, imagina y piensa en blanco y negro. Y subrayaba con su mirada… Si te levantas, das dos pasos y te caes… (como me pasó… Pensaba: ¿te burlas de mi abuelo?)  lo escuchaba cada vez más molesta por el egoísta momento que había pasado minutos atrás…
--... Y comienzas a mentar palabras altisonantes, --continuó--;  responde por favor lo siguiente: ¿Qué focos estás encendiendo?
desesperada y a punto de irme, me levanté de la silla y le dije
–Abuelo, no entiendo, ¿de qué hablas?... y me disponía dar a la fuga…
--Escucha, por favor, ¡¡¡Sólo contesta lo que te estoy preguntando!!! -me insistió. Impaciente, contesté procurando seguir la corriente: …
--¿Negros?…
-- ¿Me preguntas?
-- Ashh, No. Está bien…: negros
-- Y si en lugar de levantarte diciendo groserías te levantas cantando “Sana, sana, colita de rana, --comenzó a cantar--, si no se compone hoy se compondrá mañana”…?  Lo dijo tan gracioso que los dos reímos en forma simultánea… ¿qué color encendiste?... 
–¿Blancos…? – Le dije, aun sin entender, pero con la risa en la boca
-- ¡Así es, preciosa!; ahora, imagina la gama de colores e intensidades que podemos aprender a usar para iluminar nuestros momentos… nuestra vida… -Aun no entendía la relación-…
-- Abuelito, perdí la oportunidad de competir por una beca que estaba segura de ganar, con todo pagado, por seis meses, en Chile, o sea… -y volvía a cegarme, conmiserativa,  en mi egoísmo-
-- ¡¡¡No has entendido!!!, me interrumpió contundente. ¡¡¡Dime en términos de lo que te acabo de contar, ¿Qué focos estás encendiendo cuando dices “perdí la oportunidad de”!!!?...   Pensativa, después de unos segundos, contesté…
-- ¿Negros?...  Ash, no entiendes… -argumenté
–¡¡Quién no ha entendido eres tú!! – elevó su tono de voz y se acercó, me tomó de la barbilla y me dijo:
 --¿Me harías el favor de encender los focos correctos?,
 Titubeante y esforzándome para reflexionar sobre lo que me pedía, le confesé
--Pero cómo, no sé, yo…
-- No pienses con groserías ni enojada, canta… -y moviendo el índice de un lado a otro cual varita de un maestro dirigiendo una orquesta, asintió-: “Sana, sana…  
-comenzó a cantar invitándome a hacerlo también… terminamos cantando los dos-: “… colita de rana, si no te compones...”
Ambos sonreímos a carcajadas.  Me tomó de los hombros y señaló…  
--Ahí lo tienes, esos son los focos correctos…   no lo sueltes
–Pero…  - lo miraba incrédula y él insistía
--No lo sueltes; Y así, mantente durante todo el día, todo el tiempo, piensa positivo, baila, canta, si lo deseas, piensa en tu beca, imagina que ya estás rumbo a Chile o en que tendrás una oportunidad de hacerlo de una u otra forma; imagínate ahí, caminando por sus calles, en la biblioteca de la universidad, en un café… pero… acentuaba,  No olvides, que debes… y señalaba mi nariz con su índice invitándome a confirmar:   “encender los focos correctos”, lo dijimos ambos sin dejar de reír.

Después de ese momento, les voy a ser sincera, no pensé en hacerle caso. Sin embargo, porque él así me lo había inspirado al momento de hacerme reír, decidí darle vuelta a la hoja,  “encender los focos correctos” y sonreír, pensar que todo pasaría y algún día haría realidad mis sueños…  ¡¡Agüevo que sí, hay más tiempo que vida!!, me dije más animada. 
Al subir las escaleras, sentí un jalón en la parte superior de la columna que deshizo el dolor que me estaba molestando desde que me había caído, lo cual alivió en sobre manera mi estado de ánimo.  Al llegar a mi recámara decidí arreglarla y escuchar super música; entre mi pecho y garganta, había una sensación de nostalgia convertida en resiliente adrenalina que me ayudó a olvidar lo que había sucedido.  Cuando recién terminaba de arreglar mi cama, sonó mi teléfono móvil, era Patty, mi mejor amiga y con quién iba hacer el examen del concurso para ir a Chile; me regañaba, porque según ella, no le había avisado que nuestra universidad se había puesto en huelga. 
Patty, te juro que no sabía  
 --Entonces por qué no estás aquí, cabrona… hoy era el examen   
--Tuve un problema, y… 
--Pues te salvaste, porque ahora hay un desmadre que no imaginas, la Maestra Carmen nos juntó afuera en las jardineras y dijo que no hay problema con el examen, en cuanto se arreglen las negociaciones con los trabajadores y las autoridades que, según ella, estará arreglado para el fin de semana, procederemos al examen. 
 --Oye, le dije sorprendida y emocionada para mis adentros…   Y tú ¿cómo estás?  –Pues me siento encabronada, imagínate, haber estudiado tanto para ni madres, o sea…  
– Tranquila, “enciende los focos correctos” le dije cagada de risa …  
–¿Qué mamadas estás diciendo?... Yo, cayéndome de risa en la cama le dije
Ven a la casa, tengo Café y un poco de pan tostado con mantequilla y mermelada de fresa…, tengo qué contarte algo que te va a encantar
–¿En serio?, ¿chisme?, aaaayyyy, ¡va, va!, ahí te veo.

Qué les cuento… en este momento termino lo que me sucedió hace tres meses en casa, antes de iniciar la aventura de aprender a encender los focos correctos.  Estoy en la biblioteca de la Universidad Católica de Chile.  Estoy feliz y he conocido a muchos amigos que están guapísimos, Patty ya consiguió novio y, aunque los primeros días “anduvimos pato1, ambas nos damos un espacio para recordar aquello que nos permita ver el mundo iluminado y de otro color donde redunde la alegría de emprender un día más, así como  nos enseñó mi Abuelo… ¿Que cómo lo hacemos?... sencillo, ambas nos gritamos:  ¡“Enciende los focos correctos”!.
1.- Expresión típica Chilena que significa “ando sin dinero”

Pedro Eduardo
Febrero 2019

2 comentarios:

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