Cantó a su oído en alas de seda
noche de arrullo y ciervos blancos
ahondaron su abanico de silencio
...Y se clavaron,
más la noche ahí, junto a ella...
a la hora de su muerte, sus colmillos...
ríos de fuego y arcoiris, le consumieron.
Claros de luna emergieron... abrió sus ojos...
elevó su mirada y su alma de tinte rojo, perdida,
labrada de sueños, noche, miedo y beso...
ahora... libre y libertad,
fue mañana...
Entonces juntos
hasta entonces extraños
hicieron extraños de eternidad...
... En la eternidad.
Pedro Eduardo
Mayo, 01, 2013.

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