viernes, 19 de enero de 2024

ABANDONO AFECTIVO: LOS PADRES QUE OFRECEN AMOR DE "A MENTIRITAS"

 


Es increíblemente sencillo para aquellos que abandonan a sus hijos a la buena de Dios con sus antiguas parejas. No logro entender cómo pueden enfrentar a sus propios hijos después de tantos años y mirarlos a los ojos. Sin embargo, existen individuos peores, auténticas lacras y verdaderas desgracias sociales; aquellos que, "después de unos días", se aparecen algún fin de semana como si nada, procurando un amor de "a mentiritas o ficticio".

Ellos no son quienes levantan a los niños para llevarlos a la escuela, no los visten ni los bañan, no ayudan con las tareas, no cuidan de ellos cuando enferman, ni siquiera los regañan durante sus berrinches. No comparten esos abrazos reconfortantes ni comparten momentos de juego genuino.

¡Ah, disculpa! ¡Jugar con ellos! Eso sí lo hacen... A regañadientes, por supuesto. Y, claro está, después de unos días, compran esto, aquello y lo otro. Les llevan regalos sin olvidar llevarlos de aquí para allá, con los niños aparentemente contentos. Sí, para eso son buenos, "cumpliendo" con lo mínimo necesario. Luego, lo presumen: "En serio, vale la pena gastar unos pesos con ellos. Son mis hijos, me quieren mucho, lo merecen".

Jajaja, qué falta de vergüenza. Más bien, dudo que la tengan o que alguna vez la hayan tenido. Porque, normalmente, aquellos individuos crecieron sin madre.

Y los niños, por supuesto, notan en casa las mismas caras de mamá o, en muchos casos, de los abuelos (los padres de la madre, por supuesto). La presión constante de aquí para allá todos los días les molesta enormemente.

Mamá tiene que soportar no solo eso, sino también los gastos que aumentaron debido a la maqueta que pidieron para el hijo mayor, las hojas, las copias, la canasta básica que dicen que bajó pero que nunca es suficiente. O, peor aún (porque nunca faltan esos perros), aquellos que solo ven glúteos y tetas necesitadas y no a una madre que, en ocasiones, siente que se quiebra a mitad de la calle, a mitad de la vida, a mitad de la adultez. Nunca lo ven esos desgraciados.

Ellos nunca lo sufren, nunca lo padecen. Ni ellos ni los otros. Pero los peores son esos últimos, los de "a mentiritas o ficticios". Lo hacen a expensas del cariño y amor de los niños, de la inocencia de la edad. Porque los chicos no saben nada más que ver a papá, lo cual llena sus corazones de alegría. Estos "padres" abusan del cariño de los niños, tratándolos como si fueran mascotas que felices son recibidas y abrazadas, y por ende, deben recibir su caricia en la cabeza y unas cuantas croquetas. Oh, pero para ellos, eso es amor, porque ¡lo sienten!

Pero sabemos, yo lo sé... Y lo he vivido muy de cerca. Estos hijos de... La mentira, son unos pobres padres a medias, padres del amor "a mentiritas o ficticio".  

En verdad te digo, tarde o temprano, la van a pagar.


Kimer Ed-Enríquez

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