¿La recuerdas?, es la cocina de María la cochina. Me gusta porque todos miran cosas que no miran otros, y sacan sus propias subrogaciones cuadro por cuadro, personaje a personaje. En cada uno de ellos hay alguien o algo de nosotros que se mueve y se difumina cuando lo miras detenidamente. El adolescente que esconde la cara tras de un cabello largo como una muestra de su rebeldía. Qué adolescente no esconde sus pensamientos detrás de su cabello para no ser molestado por lo que piensa; pero ahí se encuentra, bajo el brazo fuerte de su padre que lo sostiene a él y su dinero, igual que a toda la familia; qué padre no intenta todo por su familia. Sonríe, con esa gran experiencia y seguridad que le han dado sus negocios. Se da el lujo de mirar con desprecio a la anciana que le pide algo de comer.
Los ricos y los pobres. Así suele suceder con ellos. El rico indiferente y sin piedad ante el desamparo del pobre que pide, pide y pide eternamente. Una monja, que al igual que su oración, igual, nunca deja de pedir. Tal vez se encuentra atrapada en sus creencias o en su religión que no le ha enseñado a ser independiente de Dios.
La esposa, “detrás de un gran hombre, hay una gran mujer…”, reconozcamos, siempre atrás; qué esposa no está ahí para apoyar a su hombre. Ella le susurra dos cosas al oído, aunque no alcanza a decírselo más de cerca. Se ve mal por la sociedad que la mujer le ordene algo a su marido: “ya deja ir al muchacho y dale algo a esa monja; dile que nos rece unas aves marías, esas oraciones nunca están de sobra”.
Los abuelos, que vinieron de visita se encuentran en la mesa de honor. Qué abuelo no parece ser considerado por el mundo como aquellos seres a los cuales les debemos todo el respeto y los vestimos de atención y oro. Desafortunadamente siempre están ahí, al lado de nosotros, abandonados, durmiendo sus recuerdos y susurrados por el tiempo que sólo les hace esperar al borde del abismo.
La resolana de la cocina de María, la cochina, pareciera haber influido, aunque sea por un momento en el disfrute de un delicioso almuerzo.
Ricitos de oro se encuentra acosada por su primo que la molesta con una sonaja; ¿A quién observas cuando la vez? ¿Qué refleja de nosotros esa niña berrinchuda sobre una silla que le queda grande y si se mueve bajo sus pies de niña rica aplasta el pan? No puede bajarse a ponerle un moquete al mozalbete de su primo que no deja de molestar.
La canasta de pan que su tío el multimillonario ha dejado sobre el piso con una serie de aditamentos es para el gran festejo que tendrá con su familia más tarde. Será como una gran cena porque lleva: Vino, dos grandes quesos de cabra y una gran canasta de pan.
Venancio, (siempre hay un Venancio al lado de un millonario), se ríe a las espaldas de su jefe que no deja de presumir la gran cantidad de libros que lee y que en realidad lee Venancio pero que ahora debe cargar; no le molesta, ya ha sido compensado con regalos para su familia. ¿Cuantos de nosotros por lo menos llevamos, aunque sea una vez al año, un regalo a nuestros seres queridos?
Todos ellos somos nosotros. Todos reflejan un tiempo y espacio, en un pedazo de alma, un algo de nuestro infierno… Un algo de nuestro cielo… Un algo de la cocina de María, la Cochina.
Kimer Ed
Junio/2021

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