jueves, 3 de noviembre de 2022

VAMPIRO (Edición 2022)


Esa noche la seguí hasta su casa.

Por primera vez, después de tantas veces pensarlo, la seguí hasta su casa. 

Estaba seguro de que me había visto observarla cientos de veces al salir de aquel viejo bar.  En algunas ocasiones acompañada, otras sola.

Llovía.  

Serían las dos de la mañana y el centro de la ciudad comenzaba a abrir sus brazos a las ratas del asfalto, a los vagabundos que buscan y sacan la basura queriendo saciar o limpiar el alma… 


Llovía.


Ahora sé que se dio cuenta que la seguía;

en su momento me perdí en la fantasía

de robarle dos palabras y el anhelo

de tocar su cabello.

Imaginaba sorprenderla con un beso profundo

y eterno de amor.


La lluvia no cesaba,

era de esas lluvias que te mojan los recuerdos y la eternidad de cada uno de ellos 

como pequeñas fotografías incoloras y manchadas de tanto recordar…

De tanto llover el alma.

 

Mi pensamiento y cada uno de mis pasos divagaron detrás ella.  

 

Al llegar a su casa, abrió la puerta y se quedó inmóvil...

Era mi invitación.

Entré.


El olor y la imagen a bar de medianoche, habían desaparecido...

 

Me tomó la mano y me llevó a su cama.

 

No dijimos una sola palabra,

se quitó la ropa e hicimos el amor...

 

El ambiente se impregnó de lascivia, sentimiento y deseo...

suave y táctil... Dulce y dátil…

Boca y miel

lluvia y madrugada...

Piel sobre piel.

 

Cuando desperté, no volví a ver el día,

aun y cuando la última hora que recuerdo haber visto,

eran las 06:00 de la mañana...

 

En un golpe de mareo comprendí,

al ver su belleza...

 

Estaba feliz... Efusivo y feliz...

El alma, no pesaba…

No la sentía…

Y en una sensación de endeble flaqueza

Mi cuerpo todo

tenía sed…

                   Mucha sed.


 Kimer Ed-Enríquez

    Nov. 2010-23

  

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