Cuando bajé del colectivo a eso de las diez y media de la
noche, me convertí. Fue como un voltear los ojos al revés y mi pelaje provocó a la curiosidad de la noche. Trepé lento pero ágil sobre la
pared contigua a la calle que daba rumbo a lo que ya no quería que fuera mi casa.
Mis pasos en pisadas, parecían besar el piso de la azotea; mis movimientos felinos excitaron el aire que rosaba mi pelo… era sensual. El
alumbrado que cada noche me parecía brillante y blanco, ahora se veía
provocador amante rojo terciopelo, sangre cincelada piel de eternidad y
verano… noche… tenue aroma a vino en labios ... vino y beso.
Y ahí estaba; la vecina que de
vez en noche, miraba a través de sus cortinas entretejidas de esperanzas
falsas, (mías, por supuesto), ahora tan a mi alcance, en su bata trasparente, blanca, tocaba mi suerte. Echado
sobre el techo, barbilla sobre mis garras… y su aroma en mi nariz
dibujando ilusiones… el alma animal…
Patas de puma
sobre tu espalda
Jugo azul y noche
en tu mirada
Dos gotas de estrella
en el bajo vientre
Boca
en la humedad de tu lengua y mi nariz
Vaho de gemido
Masticado cóctel de bruja…
El rugido de la mañana despertó mis ojos sobre la
cama… la resaca del puma convertido en alma o mi alma convertida en
puma, el día aun de madrugada, tocó a la puerta del baño diario y
me recordó:
… eres humano… el trabajo, los
libros, la escuela…
me miré al espejo rasuradora en mano… y sonreí….
no me importa…
Hoy tengo un espíritu de puma.
Pedro Eduardo
Sept., 2012

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