jueves, 21 de febrero de 2019

PATAS DE GATO



Cuando bajé del colectivo a eso de las diez y media de la noche, me convertí.  Fue como un voltear los ojos al revés y mi pelaje provocó a la curiosidad de la noche.   Trepé lento pero ágil sobre la pared contigua a la calle que daba rumbo a lo que ya no quería que fuera mi casa.  Mis pasos en pisadas, parecían besar el piso de la azotea; mis movimientos felinos excitaron el aire que rosaba mi pelo…  era sensual.  El alumbrado que cada noche me parecía brillante y blanco, ahora se veía provocador amante rojo terciopelo, sangre cincelada piel de eternidad y verano… noche… tenue aroma a vino en labios ... vino y beso. 

Y ahí estaba; la vecina que de vez en noche, miraba a través de sus cortinas entretejidas de esperanzas falsas, (mías, por supuesto), ahora tan a mi alcance, en su bata trasparente, blanca, tocaba mi suerte. Echado sobre el techo, barbilla sobre mis garras… y su aroma en mi nariz dibujando ilusiones… el alma animal… 

Patas de puma
sobre tu espalda

Jugo azul y noche
en tu mirada

Dos gotas de estrella
en el bajo vientre

Boca
en la humedad de tu lengua y mi nariz 

Vaho de gemido

Masticado cóctel de bruja… 

El rugido de la mañana despertó mis ojos sobre la cama…  la resaca del puma convertido en alma o mi alma convertida en puma, el día aun de madrugada, tocó a la puerta del baño diario y me recordó:

eres humano… el trabajo, los libros, la escuela… 

me miré al espejo rasuradora en mano… y sonreí….
no me importa… 

Hoy tengo un espíritu de puma.


Pedro Eduardo
Sept., 2012

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