En ese lugar no solo había zonas
para acampar, también había cabañas, alquilamos una. Un hermoso paisaje nos acompañaba en tonos
verdes y olores a campo, bosque y madera. Sonidos de arroyo y aves trinando, nutrían
el sentimiento de estar a su lado por primera vez… solos; tomados de la mano,
sin escondernos de nadie, excepto de nuestros propios tabúes que, en ese lugar,
se fueron difuminando…
“libres, solos, tú y yo”.
Ella sabía que el lugar se
destacaba por una poza de agua natural en la que, contaba una leyenda, en sus andanzas
y ratos libres, el Rey Moctezuma de la gran Tenochtitlán, se daba saludables
chapuzones. No quisimos quedarnos con la
duda, y después de preguntar si es que nosotros podríamos hacer lo propio, caminamos
monte arriba. El canto del arroyo se
escuchaba cerca, así que nos dejamos guiar por ese canto que me parecía mágico al
caminar junto a ella.
Piedras resbaladizas, una caída natural
de agua y dos parejas de enamorados que jugaban, nos recibieron con una sonrisa
de… no se imaginan la que les espera…; Cierto, la poza no solo era un espejo cristalino de agua dulce, estaba helada…. Pero a su lado todo era calor y color; en la sonrisa angelical de su mirada,
profundizaban sus recuerdos cuando era pequeña y con sus padres, había disfrutado
de ese lugar en el que, me confesaba, había nacido una fantasía… hacer el amor de
noche, junto al canto de un río... entre grillos y cocuyos… amor, amar.
Después de nadar, compramos leña,
salchichas, bombones, ocote para facilitar encender la leña, comimos algo ligero
y en la cabaña, solos, hicimos el amor; nos bañamos, y ya entrada la noche
entre naranjas ocaso de cielo azul oscuro, salimos a jugar con el fuego.
El momento era delicioso, no
recuerdo si había estrellas, pero las vi.
En una de las cabañas aledañas, teníamos vecinos no muy gratos… pero no
interrumpieron nuestra interacción con el fuego, los bombones, la leña, las
salchichas y una charla amena…
Ojos, mirada y fuego
vibrando
en besos
sonrisas
cereza
aroma
a piel
y
fantasías
El fuego consumió la leña que
habíamos comprado; después de otro baño para quitarnos el hollín y olor a leña
quemada de nuestros cuerpos, ambos caímos rendidos. No sé cuánto tiempo después de estar
dormidos, quise moverme… Y en un susurro me dijo que la tenía muy firme… Sus
ojos brillaban como dos estrellas en un horizonte de invierno… En sus labios asomó de entre la noche un tenue color carmesí de mentas y coco… Su nariz parecía latir emoción… Las
manos comenzaron a moverse en una danza suave de vaivén armonioso. Aventé la sábana al suelo, pero ella me dijo tenue,
sin dejar de tocarme, no, espera, más lento… Un preludio suave, fresco, dátil-táctil,
tiempo y ritmo, miel de almas sumisas a los anhelos dormidos… Acariciamos la eternidad de los minutos que estábamos saboreando.
La respiración, aceleraba. La
sensación de noche fresca y suave en una corriente de viento que asomaba por la
ventana abierta, cambió… el mundo se fue haciendo imperceptible; el fuego interior se
hizo ardiente… el ambiente… lascivia… la noche, cerezas, manos, falo y vagina…
lenguas trenzadas en furiosas sensaciones de espíritus queriendo salir de sus
cuerpos para hacerse uno y tocarse en la
intangible esencia de sus mundos… de sus muslos y los míos. Cabalgaba la noche
sobre el azabache de su cabello en furiosas arremetidas, sus senos de leche
volando sobre mi pecho, tocando su cadera en increíbles movimientos de mar y
sunamis entre ah, y ah, ah y más ah… Ah's desvanecidos... Hasta explotar en un interminable grito
y suspiro… Suspiros…. Besos, suaves y tibios suspiros…
Menta y coco
Azabache azul ocaso
fantasías
Arroyuelo cristal
Besos de almas
Cereza…
Y ahí, sobre la cama, desfallecian dos seres de amor en uno… Los ruidos de sus cuerpos
fueron cambiando en ecos de lejanos y suaves cantos taciturnos: ríos y bosque… Grillos y cocuyos…
La noche cayó a plenitud. Noche en la que, no recuerdo si hubo
estrellas, pero las vi… Noche que cobijó tibiamente la eternidad y la miel de
su cuerpo de leche y cereza con mi ser… en mi memoria. Noche que encapsuló como cumplida… lo que había sido... su fantasía.
Pedro Eduardo
Feb/2008

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