—Creo que nuestra dueña es injusta conmigo —dijo el burro—. Desde que murió el patrón, me hace trabajar más, me deja descansar menos que a ti, no me da mimos como a ti, y, para colmo, me puso un nombre raro que nunca había escuchado.
—¡Oye! yo no tengo la culpa de que ahora me trate mejor —respondió el perro—. Lo único que hice fue avisar cuando venía el patrón. Pero así como eso, también aviso cuando viene el coyote o el león, que podrían hacerte daño. Deberías estar agradecido...
El burro resopló, molesto.
—Y sobre los nombres, a mí también me lo cambió —continuó el perro, con un tono irónico—. Me llama como al patrón, y a ti como al güey que se la tira...
Eso sí es injusto.
Kimer Ed
Mar/2025

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