Versión revisada
Me asomé en sus sueños.
Una lagartija me espantó al correr de espaldas sobre la chimenea dorada,
entre algodón y frituras.
No lo podía creer:
yo estaba en el rincón de sus sueños...
en el tibio y acalorado rincón de sus sueños...
pero tenía frío.
Suertes por todos lados iluminaban —azul fantasma—
las migajas de miedo y tortura en el sillón de sus recuerdos;
basura celestial y tartamudos recortes de sueños pasados
impregnaban el ambiente.
Tomé un pedazo de paz que llevaba en los bolsillos de boy scout
—nunca sabes quién la pueda necesitar—
y la puse sobre las sombras de sus deseos.
Ahí estaba... estirando las manos al fuego que no le calentaba,
y volteaba, y me miraba...
y abría la boca... pero...
no decía nada.
Vio el pedazo de paz...
me sonrió...
un agradecimiento misericordioso se vislumbró en su mirada,
y una lágrima de tiempo recorrió mi calma.
De repente apareció en mi cama,
dormido...
Cuando abría mis ojos...
que despertaban.
Kimer Ed


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