miércoles, 10 de abril de 2019

EL KARATE NO ES PARA POBRES


1ra Parte.
CONTEXTO
El maestro de karate le ofreció ayudar a su hija con los pagos respectivos, siempre y cuando no faltara.   Pero al descubrir lo talentosa que era la pequeña y el peligro contextual intrafamiliar en el que se encontraba, le dijo que sus clases serían gratis siempre y cuando tuviera cuidado en llevarla en tiempo y forma y considerara las siguientes condiciones: no faltar, participar mínimo a uno, o dos torneos al año, y hacer todos los exámenes; éstos por supuesto, deberían ser pagados por su cuenta.  Para el pago de la vestimenta, le ofreció un traje a menor costo y que no le representaría ningún problema considerando que era nuevo.  

En un principio parecía que la alegría de la niña comprometía a la madre en su atención, o por lo menos eso aparentaba.   La pequeña, siempre expuesta a un contexto de violencia y podredumbre miserable, denotaba en forma innata a través de su mirada que había opciones, alternativas, luz al final del camino… por el simple hecho de asistir a clases, así lo pensaba el maestro, ella tenía en cada entrenamiento, una razón para creer, tener esperanza, sonreír a la vida.

El profesor tenía la experiencia de que justo a los tres meses de trabajo, psico-socio-lógica y contextualmente hablando, hijos y padres, mostraban su verdadera identidad y de lo que estaban hechos. Y en el caso de la mamá de la niña exenta de pago, no fue la excepción, ella nunca fue constante, nunca mostró un verdadero deseo de aprovechar una lucha que sólo el profesor veía en la pequeña… una pelea injusta.
Así que llegó el día en que la niña comenzó a llegar despeinada, con las uñas largas y sucias, no solo las de los pies; al principio uniforme sucio y posteriormente sin uniforme; al paso del tiempo, sin sonrisa con vergüenza y sin esperanza.  Sin embargo, las ansias de entrenar y sentirse valorada continuaban a cada clase, a cada entrenamiento, a cada esperanza de llegar a un torneo, a un examen, porque así el profesor se lo hacía sentir… esa esperanza persistía.  El profesor constantemente le decía que era la mejor con tan solo seis años de edad.  La ponía como ejemplo en cierta posición técnica para mostrar a los grados más avanzados, algún aspecto que quisiera trasmitirles de mejor manera…  ella tenía esperanza.  
Pero no.  Pasaron dos torneos y nunca llegó el de ella.  Pasaron dos exámenes y de igual forma no estuvo ahí a pesar de su preparación ardua… nunca faltaban los pretextos para decir, no va a hacer esto, no va a hacer aquello… porque “no tengo para…”-.  Así que, para el tercer examen, el profesor no pudo mentir más, ya no estaba en su mano, se agachó a la altura de la pequeña, la tomó de los hombros y llorando le dijo…  escucha, algún día vas a crecer y te vas a dar cuenta de lo grandiosa que eres, te vas a dar cuenta que siempre hay esperanza y cuando sientas que se acaba, recuerda que en tu corazón y no aquí en la cintura, hay una cinta negra que te recordará lo que hasta ahora has demostrado ser a pesar de tu edad, a pesar de no haber ido a ningún torneo, a pesar de no haber hecho nunca un examen…  nunca lo olvides… tú eres una campeona… y si algún día necesitas ayuda recuerda que hay puertas por tocar…   yo soy una de ellas, nunca te rindas, cuando desees que te ayude en algo, no lo dudes, …  siempre cuenta conmigo, ok?   Te amo pequeña.

2da. Parte.
REFLEXIÓN

¿En qué va a terminar esa historia?  Sabiendo el contexto en el cual crecen las pequeñas como la mencionada arriba, podríamos adivinarlo sin dificultad. Personalmente he aprendido a no criticar a las personas que tratan de esa manera a sus hijos.  He aprendido que todo tiene una razón de ser y suelo pensar en fluir con el universo, tal vez  para no martirizar a mi conciencia.  También he aprendido que no se puede ayudar a todas las personas que sufren así en el mundo, aunque esos deseos no desaparecen fácilmente.  
Y no puedo evitar la reflexión al respecto.  ¿Por qué el interés por aspectos tan básicamente mundanos como el celular, cigarro, bebidas de cola, comida chatarra, dulces, etc., se sobreponen al amor y cuidado de un hijo que lo único que necesita es atención?
Me he encontrado con personas con gran convicción las cuales dicen “hay prioridades”.   Y hacen referencia al “pago” por un deporte como el karate.  Y si lo vemos desde esa perspectiva, donde lo único que veo es un pago por un deporte equis para mi hijo “por sobre su estudio”, “por sobre la comida”, por la "sobrevivencia”, estoy totalmente de acuerdo con ellos.  Pero desde ahí es que se comete el error de lo que llamo “mínimo básico” de atención hacia mis hijos.  Porque no es un pago para la práctica del karate por sobre cualquier otro aspecto, “es una inversión complementaria e integral de”, donde mi hijo se vuelve y por lo tanto yo me convierto, en una persona más comprometida con él en todos los aspectos.  
Pero ¿A qué me refiero?
¿Recuerdan ustedes haber llevado a su hijo a la escuela el primer día? Después de esa emoción, ¿qué otra, académicamente hablando se vuelve a suscitar? ¿A caso la graduación? (Hablo de educación básica) O díganme ustedes ¿A caso los acompañan a todos los exámenes trimestrales y/o están con ellos gritándoles o apagando su grito de “sé que puedes”, “ánimo hijo”, llorar porque gana o mejor aún llorar porque pierde en un examen o peor aun, verlos llorar y abrazarlos para decirles, estoy contigo, no pasa nada?, tal vez una noche están con ellos haciendo tareas, pidiéndoles que dejen de ver televisión o las redes sociales para hacer sus tareas, tal vez los ayudas con alguna duda, Etc., pero ¿Cuándo te has quedado con tu hijo a platicar sobre su miedo por enfrentar a su propio miedo?... en el karate debieras hacer eso y mucho más.

En el karate te ves obligado a ver por su pulcritud personal, la puntualidad; te ves obligado a platicar porque él te lo va a pedir, te ves obligado a darle un consejo, asistir a sus exámenes y ver su crecimiento, acompañarlo a un torneo y vivir en carne propia sus ansias y estrés positivo por llegar a ese momento, vivirás de cerca todos sus miedos por enfrentarse a los miedos de todo ser humano…   uno mismo.  Tendrás la oportunidad de ver de cerca cómo evoluciona conociendo sus propios límites volviéndose resiliente; conviviendo dentro de un contexto donde la mentalidad (como yo la llamo) “mínima básica” se remite al éxito de seres humanos sanos y extraordinarios que alimentan su crecimiento espiritual y físico con las máximas aprendidas en cada entrenamiento: carácter, lealtad y sinceridad, esfuerzo, respeto y no violencia, del Shihan Gichin Funakoshi que no solo fue un maestro sabio, además fue un poeta y como tal, sensible al espíritu humano.

3ra. Parte
CONCLUSIÓN

Lo lamento.  El karate, no es para pobres.  Y menos si se trata de tu hijo. El karate es para aquellos que aman y son apasionados… Y más si se trata de sus hijos o sus seres amados.  Si tú sabes amar y ser apasionado… Pero sobre todo, lo eres con tus hijos… Nunca, jamás, serás pobre.


Pedro Eduardo
    Abr/2019

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