viernes, 18 de enero de 2019

CHARLY



Charly, así se me ocurrió nombrar a un perrito de la calle con cara de French Poodle. Cuando lo encontré, el antropomorfismo en su actitud era de tristeza, soledad y abandono. Le llamé y de lejos, parecía observarme y pensar. Su mirada era sumamente triste. Por un momento creí que estaba lastimado y fui hacia él. Me miró, lo acaricié y hubo una afinidad hermosa y tierna, aunque un tanto indiferente. Cuando me retiraba del lugar, me di cuenta de que me miraba de lejos, le pedí a uno de mis sobrinos con quienes había ido a jugar a ese parque, que fuera por él. Sin ninguna resistencia abordó mi auto. Rumbo a mi casa lo dejé en la estética canina y posteriormente al recogerlo, me lo regresaron con cara de Cocker y moñitos en las orejas. La estilista con una sonrisa en la cara me dijo “es niña”. Charly se había convertido en Charlotte. 


Cuando llevaba a pasear a Wisdom, mi perro, (cocker, por cierto), Charlotte nos acompañaba. En un principio tenía miedo, no quería separarse de mí, pero en dos semanas de paseos diarios, terminó por disfrutarlo. A cada paseo, pensaba en lo agradecida que debería estar conmigo al haberla salvado de la situación de calle en la que la había encontrado; sin embargo, al paso de los años, me doy cuenta de que el salvado y agradecido soy yo. Porque cada que veo un perrito en la calle, abandonado y a su suerte, me recuerda a la dulce Charlott y reflexiono agradecido: Gracias a ti Charlotte, me siento un ser humano más piadoso por haber hecho lo que hice contigo; una niña como tú, menos en la calle, es bueno para el espíritu… es bueno para mí. Gracias.
Charlotte

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Gracias por tus comentarios.
Amo saber que me lees.