Cuando al fin llegó a la meta, miró su alma y se dio cuenta de lo que había llevado consigo durante esos años: ojos colgando de miradas inciertas, pedazos de incertidumbre atadas a cuerpos completos de afectividad supuesta, consejos enmohecidos de tiempo y agregados de "este es el camino"... bla, bla's, llenos de egoísmos y montones de adjetivos propios de quién suele llamarse a sí misma: "de bien".
Ella, espíritu sonrisa en labios, sin prisa y con sabiduría, propia de la experiencia adquirida en esos tres años de libros y cuadernos dormidos, se fue quitando los pesados bultos de encima, poco a poco.
Al terminar, frente al espejo de un futuro brillante, miró su reflejo que momentos atrás sintiera antiguo y de otros. Era sumamente hermoso... y al fin suyo; giró sobre sí misma y observó la tersa espalda de su verdad, se tocó suave, dulce, de arriba a abajo y de principio a fin....
Desnuda del mundo, asomó en sus ojos el brillo diamante de su belleza adolescente... sonrió, acomodó su alma que en tenue color de rosa inocente vibraba al borde de sus catorce... y se dijo, muy cerca de si, al oído de su conciencia:
" Compréndelos,
no eres de ellos
y ellos, se creen en ti...
siempre que lo desees
podrás deshacerte de todo y todos ...
y tú,
no estás sola. ..
nunca,
siempre ...
estás contigo ".
Pedro Eduardo
Para Andrea, en su graduación
de educación básica.
Julio 15, 2014

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